Economías ilícitas, deuda y dependencia extractiva: condiciones financieras que amenazan los derechos indígenas

El Observatorio de Finanzas y Clima (OFC) presenta su contribución al estudio temático sobre economías ilícitas, crimen organizado y derechos de los pueblos indígenas, impulsado por Rodrigo Paillalef y Patricia Gualinga, integrantes del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, con el apoyo técnico de las organizaciones de la sociedad civil Amazon Watch y Docip. El documento analiza cómo el endeudamiento externo, la dependencia extractiva, los mercados internacionales del oro y las restricciones financieras contribuyen a crear condiciones que favorecen la expansión de economías criminales y amenazan los territorios indígenas amazónicos. A partir de investigaciones del OFC y QUIPA, plantea propuestas de cooperación y diplomacia internacional para combatir los flujos financieros ilícitos, reformar la arquitectura financiera global y garantizar alternativas económicas que permitan proteger los derechos de los pueblos indígenas y sus territorios.

Contribución al estudio temático sobre economías ilícitas

1. El aporte: explicar las condiciones de reproducción de las economías ilícitas

La contaminación de ríos, la destrucción de bosques, la violencia y la pérdida de control territorial derivadas de las economías ilícitas amazónicas han sido documentadas por organizaciones indígenas y de derechos humanos. Esta contribución no reitera esos casos, en su lugar examina desde un enfoque de derechos y macroeconomía: ¿qué condiciones financieras y económicas permiten que las actividades responsables de tales afectaciones sigan siendo rentables y se reproduzcan?

La asociación con los derechos indígenas se ofrece de manera que los daños se producen territorialmente, pero parte de sus incentivos, ingresos y condiciones de continuidad se organiza a través de mercados e instituciones que operan fuera de esos territorios. Por tanto, las respuestas internacionales deben actuar sobre sus cadenas económicas y sobre las restricciones que limitan la protección efectiva. [1]

2. Oro, rentabilidad mundial y circulación de ingresos criminales

El oro funciona a la vez como materia prima, activo de inversión y reserva de valor. La demanda financiera y la incertidumbre internacional influyen en su precio y elevan el valor potencial de nuevos yacimientos, incluidos aquellos explotados ilegalmente. La mayor rentabilidad incrementa los incentivos económicos que pueden aprovechar las redes criminales.[2]

La expansión de la minería legal y la ilegal no debe analizarse como dos procesos completamente independientes, pues existen vasos comunicantes que pueden favorecer la reproducción de las economías extractivas ilícitas. La exploración y prospección minera genera información geológica sobre la localización y el potencial económico de los yacimientos que, cuando resulta accesible, puede ser aprovechada por operadores ilegales; asimismo, la información catastral permite identificar áreas concesionadas y zonas de interés minero. La apertura y ampliación de carreteras, caminos de acceso e infraestructura logística vinculada con la expansión extractiva puede reducir los costos de penetración territorial, transporte de maquinaria, combustible, insumos y comercialización del mineral, incluso cuando esas instalaciones fueron concebidas para actividades autorizadas. La demanda compartida de maquinaria, servicios de transporte, combustibles y sustancias utilizadas en el procesamiento genera conexiones adicionales entre ambos circuitos. Sin embargo, el vínculo más preocupante se encuentra en los mecanismos de procesamiento y comercialización: se han documentado casos en los que plantas de beneficio y concesiones formalmente autorizadas permiten incorporar oro de procedencia ilegal a cadenas comerciales regulares, mediante la mezcla de minerales, la atribución ficticia de producción a concesiones legales y la utilización de documentación comercial irregular.[3] [4] Estas interconexiones no implican que toda operación minera formal participe en actividades ilícitas, pero muestran cómo la expansión de la frontera extractiva, cuando no está acompañada de controles efectivos, puede proporcionar infraestructura, oportunidades económicas y canales de legitimación comercial a las organizaciones criminales. Para los pueblos indígenas, esta convergencia incrementa los riesgos de expansión extractiva, pérdida de control territorial y reproducción de las actividades responsables de contaminación, violencia y vulneración de sus derechos colectivos.

El oro es transportable, fungible y susceptible de mezcla; por eso, las fallas en la trazabilidad pueden favorecer el blanqueo comercial. Según las series empleadas en el studio del OFC, las exportaciones ecuatorianas registradas alcanzaron alrededor de USD 1.391 millones en 2023 y USD 1.139 millones en 2024.

El OFC sobre Ecuador identifica cadenas de extracción, procesamiento, intermediación y exportación que permiten incorporar oro de procedencia ilegal a circuitos comerciales formales. La magnitud del fenómeno es considerable, aunque difícil de cuantificar. En junio de 2025, la Cámara de Minería del Ecuador estimó que entre el 50 % y el 60 % del oro exportado sería de origen ilícito, mientras que otras estimaciones atribuidas a las Fuerzas Armadas sitúan en el 67 % la proporción de oro extraído ilegalmente.[5] Además, las investigaciones de la OEA y de Global Initiative Against Transnational Organized Crime documentan mecanismos mediante los cuales el oro ilegal puede ingresar a las cadenas formales de comercialización.[6] [7]

Mayores rentas potenciales pueden financiar el control armado de accesos, la coerción contra autoridades comunitarias y nuevas operaciones en áreas de importancia territorial, cultural y ecológica. Combatir solamente campamentos y maquinaria deja intactos los eslabones que convierten el mineral en capital disponible para reproducir la actividad.

3. Deuda externa, restricción de divisas y presión extractiva regional

Nuestro estudio regional registra que la deuda externa pública y privada agregada de siete países amazónicos pasó de USD 861.100 millones en 2020 a USD 997.200 millones en 2024 (+15,8 %). Entre 2020 y 2024, los productos primarios representaron, en promedio, el 94,5 % de las exportaciones de bienes de Ecuador, el 90,1 % de Perú, el 78,3 % de Colombia y el 74,3 % de Brasil. Esos porcentajes incluyen productos agropecuarios, además de minerales e hidrocarburos.[8]

El servicio de deuda absorbe presupuesto y exige divisas, mientras las estructuras exportadoras concentradas reducen alternativas inmediatas para obtenerlas. De ello pueden derivarse incentivos para ampliar extracción de petróleo y minerales o acelerar proyectos sin capacidades suficientes de fiscalización. La deuda no causa automáticamente minería illegal, pues esta relación está mediada por decisiones políticas, instituciones, cadenas comerciales y organizaciones criminales. Pero ignorar la restricción externa deja fuera un factor importante de las presiones sobre tierras, recursos naturales y gobierno propio indígena.

Para Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, el estudio compara USD 1,43 billones de pagos por deuda externa en 2016–2023 con USD 54.100 millones de financiamiento climático registrado: 26,5 dólares de servicio por cada dólar climático. Además, en Sudamérica excluido Brasil, el 67 % del financiamiento climático de 2023–2024 se canalizó mediante deuda y el 5 % como donaciones .

El caso del Yasuní, en Ecuador, ilustra cómo la dependencia de ingresos y divisas provenientes del petróleo puede entrar en contradicción con las obligaciones de protección territorial y de los derechos indígenas. Pese a la decisión popular de 2023 de mantener bajo tierra el petróleo del bloque 43-ITT, la explotación continuaba en septiembre de 2026, en un contexto de restricciones fiscales y externas que dificultan sustituir los ingresos petroleros.[9] Estas presiones no justifican el incumplimiento del mandato popular, pero evidencian las dificultades estructurales para abandonar actividades extractivas sin alternativas económicas y financieras suficientes. El problema trasciende al Yasuní, en la medida que cuando la expansión extractiva deteriora los medios de vida indígenas sin generar opciones sostenibles de subsistencia, puede profundizar el empobrecimiento y la vulnerabilidad de las comunidades, en este caso las comunidades waoranis (pueblos recién contactados), creando condiciones que las redes de minería ilegal y otras economías criminales pueden aprovechar para captar mano de obra y reclutar jóvenes.[10] Así, la transformación de las condiciones económicas internacionales resulta relevante no solo para frenar la expansión extractiva, sino también para reducir los factores de vulnerabilidad que facilitan la reproducción de economías ilícitas.

Estos indicadores revelan las restricciones que reducen las posibilidades de financiar alternativas territoriales, fortalecer fiscalización y sostener decisiones de conservación sin depender de nuevas rentas extractivas.

4. Los marcos internacionales existentes y sus vacíos

La Agenda de Acción de Addis Abeba y la meta 16.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible comprometen esfuerzos contra los flujos financieros ilícitos, el lavado de activos y las redes criminales. Su aplicación a la Amazonía debe incluir la extracción ilegal de recursos naturales y los mecanismos de legitimación comercial que permiten monetizarla.[11]

El artículo 2.1(c) del Acuerdo de París establece que los flujos financieros deben hacerse compatibles con trayectorias de desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones. El artículo 2.2 incorpora equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas; el artículo 9.1 establece obligaciones de provisión de recursos de los países desarrollados, mientras los artículos 9.3 y 9.4 tratan la movilización del financiamiento y la importancia de recursos públicos y donaciones para adaptación. El artículo 6.8 reconoce enfoques de cooperación no basados en mercados. El preámbulo menciona derechos indígenas y el artículo 7.5 reconoce sus conocimientos en la adaptación.[12]

En este marco proponemos desarrollar una interpretación conjunta: evaluar no solo cuánto financiamiento se etiqueta como climático, sino también cómo las transacciones internacionales, los compromisos de deuda y la financiación extractiva condicionan la integridad de los territorios indígenas.

El Compromiso de Sevilla de 2025, especialmente el párrafo 50(f), abrió un proceso intergubernamental para examinar vacíos de la arquitectura internacional de deuda. Mientras tanto, el Pacto para el Futuro también reconoce la necesidad de revisar la arquitectura de deuda. Estos son son espacios diplomáticos en los que puede impulsarse una evaluación de sostenibilidad que incorpore derechos indígenas, crisis climática y biodiversidad.[13]

La propuesta del Jubileo de la deuda impulsada por el papa Francisco aporta una base ética y política convergente. En Spes non confundit, párrafo 16, llamó a los países ricos a condonar las deudas que otros países nunca podrán pagar y reconoció la deuda ecológica entre Norte y Sur. En junio de 2024, ante la Pontificia Academia de las Ciencias, pidió una arquitectura financiera internacional nueva, audaz y creativa. Esta agenda no constituye un mecanismo jurídico de cancelación, pero ofrece un punto de articulación entre Estados, Santa Sede, organizaciones indígenas y sociedad civil para demandar reformas multilaterales.[14]

La COP29 acordó una meta de al menos USD 300.000 millones anuales hacia países en desarrollo para 2035 y convocó a ampliar los flujos a USD 1,3 billones por año. La escala anunciada no resuelve por sí misma la necesidad de financiamiento no reembolsable, acceso indígena ni reducción de la dependencia extractiva.[15]

5. Recomendaciones

1. Diplomacia comercial contra el oro ilícito: Impulsar acuerdos entre países amazónicos y centros de refinación e importación para verificar origen, balances de producción, beneficiarios finales y trazabilidad de exportaciones. Fortalecer obligaciones exigibles de debida diligencia con base en la guía OCDE para cadenas de minerales de zonas de alto riesgo.[16]

2. Cooperación tributaria y financiera transfronteriza: Coordinar aduanas, administraciones tributarias y unidades de inteligencia financiera para investigar facturación fraudulenta, empresas instrumentales y lavado asociado a cadenas extractivas; promover estándares verificables de transparencia empresarial. Su finalidad debe ser desarticular capitales criminales sin criminalizar a pueblos indígenas y economías de subsistencia.

3. Una alianza diplomática por el Jubileo de la deuda: Proponer que los Estados amazónicos y las organizaciones indígenas se sumen a los esfuerzos de la Santa Sede y de las redes internacionales del Jubileo para promover cancelaciones efectivas de deuda impagable, reconocer la deuda ecológica y reformar las reglas de acreedores. Aprovechar el proceso de Sevilla para impulsar una Convención Marco de Naciones Unidas sobre Deuda Soberana, propuesta aún no acordada internacionalmente.

4. Financiamiento climático sin nuevas dependencias: Articular una posición regional ante la CMNUCC para priorizar recursos públicos no reembolsables y acceso directo de instituciones indígenas; desarrollar el artículo 6.8 y salvaguardias para instrumentos de carbono y biodiversidad. Reconocer zonas de exclusión extractiva cuando así lo decidan los pueblos titulares de derechos.

5. Cooperación fiscal y liquidez para la transición: Intervenir en las negociaciones de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cooperación Tributaria Internacional, aún en curso, para ampliar la capacidad fiscal y reducir la dependencia de rentas extractivas. Promover asignaciones y recanalización de Derechos Especiales de Giro que amplíen liquidez sin transformarse automáticamente en nuevos préstamos.[17]

6. Evaluación de acreedores y garantías indígenas: Solicitar al FMI, Banco Mundial y bancos de desarrollo evaluaciones independientes del impacto de condicionalidades, préstamos y reestructuraciones sobre deforestación, expansión extractiva y derechos humanos, que incluyen los derechos colectivos, económicos, sociales, culturales, ambientales; con participación indígena. Las guías existentes han comenzado a considerar cómo el clima afecta la deuda; es necesario valorar también cómo la deuda afecta al clima y a los territorios.[18]

7. Coordinación en Naciones Unidas: Promover una agenda conjunta entre el Foro Permanente, mecanismos de derechos indígenas, UNODC, UNCTAD, CMNUCC y espacios de financiación para el desarrollo. La cooperación diplomática debe intervenir tanto sobre redes criminales como sobre los marcos financieros que pueden mantener condiciones de vulnerabilidad territorial.

La protección de los pueblos indígenas amazónicos exige actuar no solo donde se producen la violencia y la contaminación, sino también donde se financia, comercializa y rentabiliza la extracción, y donde se definen las condiciones macroeconómicas que hacen más difícil mantener los recursos bajo tierra.


[1] QUIPA y Observatorio de Finanzas y Clima (OFC), Economía política del oro en Ecuador: minería ilegal, crimen organizado y debilitamiento estatal en la Amazonía ecuatoriana (Quito, 2026), secciones III–VI.

[2] World Gold Council, Gold Demand Trends: Q4 and Full Year 2025 (2026), apartado «Gold demand trends». https://www.gold.org/goldhub/research/gold-demand-trends-full-year-2025

[3] Hunter, M. (2025). A golden crisis: Illegal mining and gold supply chains in Ecuador. Global Initiative Against Transnational Organized Crime, pp. 11–14.

[4] OCDE (2025). Illicit flows of gold concentrates in the maritime space. Documenta cómo la mezcla de minerales en plantas de procesamiento puede ocultar la procedencia del oro.

[5] EFE. (2025, 11 de junio). «Más del 50 % del oro exportado desde Ecuador es de origen ilícito, denuncia Cámara de Minería». Primicias.

[6] Organización de los Estados Americanos (2021). Tras el dinero del oro ilícito: fortaleciendo la lucha contra las finanzas de la minería ilegal. El caso de Ecuador, pp. 33–35 y 43–44. https://www.oas.org/es/sms/ddot/docs/Tras-el-dinero-del-oro-ilicito-El-caso-de-Ecuador.pdf .

[7] Hunter, M. (2025). A Golden Crisis: Illegal Mining and Gold Supply Chains in Ecuador. Global Initiative Against Transnational Organized Crime, pp. 11–16. https://globalinitiative.net/analysis/illegal-mining-and-gold-supply-chains-in-ecuador/.

[8] QUIPA y OFC, Amazonía rumbo a la COP31: deuda, extractivismo, crisis climática y zonas de exclusión (Quito, septiembre de 2026), pp. 2–9 y notas metodológicas.

[9] Observatorio de Finanzas y Clima y QUIPA (2026). Amazonía rumbo a la COP31: deuda, extractivismo, crisis climática y zonas de exclusión. Quito. Véase también Amazon Watch (22 de septiembre de 2026), «Tres años después de la histórica votación del Yasuní en Ecuador, el petróleo sigue fluyendo».

[10] Amazon Underworld, Amazon Watch y Global Initiative Against Transnational Organized Crime (2023). Inframundo Amazónico: economías criminales en la selva tropical más grande del mundo.

[11] Naciones Unidas, Agenda de Acción de Addis Abeba (2015), párrs. 23–24; Agenda 2030 (2015), meta 16.4.

[12] CMNUCC, Acuerdo de París (2015), preámbulo y arts. 2.1(c), 2.2, 6.8, 7.5 y 9.1–9.4. https://unfccc.int/sites/default/files/paris_agreement_spanish_.pdf

[13] Naciones Unidas, Compromiso de Sevilla (2025), párrs. 47, 50(f), 51–52; Naciones Unidas, Pacto para el Futuro (2024), acciones 47–52.

[14] Francisco, Spes non confundit, bula de convocatoria del Jubileo 2025 (9 de mayo de 2024), párr. 16; «A los participantes en el encuentro Abordando la crisis de deuda en el Sur Global», Pontificia Academia de las Ciencias (5 de junio de 2024). Sitio oficial: www.vatican.va.

[15] CMNUCC, decisión de la COP29 sobre el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado de Financiación Climática (2024); CMNUCC, «COP29 acuerda triplicar la financiación a los países en desarrollo», 24 de noviembre de 2024.

[16] OCDE, OECD Due Diligence Guidance for Responsible Supply Chains of Minerals from Conflict-Affected and High-Risk Areas, 3.ª ed. (2016), suplemento sobre oro. https://doi.org/10.1787/9789264252479-en

[17] Naciones Unidas, Comité Intergubernamental de Negociación de la Convención Marco sobre Cooperación Tributaria Internacional, quinta sesión (agosto de 2026); UN DESA, «Making the global tax system work for everyone» (3 de agosto de 2026).

[18] FMI y Banco Mundial, Supplement to 2018 Guidance Note on the Bank-Fund Debt Sustainability Framework for Low-Income Countries (2024); FMI, Operational Guidance Note on Program Design and Conditionality (2024).

Amazonía rumbo a la COP31: deuda, extractivismo y crisis climática

Quipa y el Observatorio de Finanzas y Clima (OFC), de cara a la COP31 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, presentan este documento como un aporte al debate sobre uno de los vínculos menos atendidos de la crisis climática: la relación entre endeudamiento, extractivismo y presión sobre los territorios amazónicos. En un contexto de crecientes necesidades fiscales y financieras, no basta con discutir cuánto financiamiento climático se moviliza. Es necesario preguntarse bajo qué condiciones llega, mediante qué instrumentos y con qué efectos sobre la deuda, la autonomía económica y la capacidad de mantener combustibles fósiles y otros recursos naturales bajo tierra.

La Amazonía concentra ecosistemas decisivos para la estabilidad climática global, pero las economías de sus países continúan dependiendo en gran medida de exportaciones de petróleo, gas, minerales y otros productos primarios. Al mismo tiempo, sus Estados enfrentan obligaciones financieras que absorben divisas y espacio presupuestario. Esta combinación crea una tensión estructural: mientras se requieren más recursos para adaptación, conservación y transformación productiva, la necesidad de obtener ingresos fiscales y moneda extranjera puede reforzar los incentivos para sostener o ampliar las actividades extractivas.

La relación entre deuda y extractivismo no opera únicamente a través del presupuesto público. La deuda externa también profundiza la restricción de divisas. Los intereses representan una salida de recursos en la cuenta corriente, mientras las amortizaciones de capital generan necesidades adicionales de financiamiento externo. En consecuencia, el servicio de la deuda aumenta la necesidad de obtener dólares mediante exportaciones, inversión extranjera, remesas o nuevo endeudamiento. Cuando una parte sustantiva de esas divisas proviene de exportaciones primarias, la presión financiera puede reforzar la dependencia de petróleo, gas, minería y agrocommodities. Por ello, la deuda debe entenderse simultáneamente como una presión fiscal y como una restricción externa que condiciona la estructura productiva y la relación de estas economías con sus territorios y recursos naturales.

Desde esta perspectiva, el problema tampoco se resuelve simplemente movilizando más “financiamiento climático”. Si esos recursos llegan principalmente como préstamos, refinanciamientos u otros instrumentos que crean nuevas obligaciones, pueden aliviar necesidades inmediatas y al mismo tiempo reproducir las restricciones financieras que sostienen la presión extractiva. Quipa y el OFC plantean, por ello, que la agenda climática debe incorporar el alivio y la cancelación de deuda, una reforma de la arquitectura financiera internacional y un aumento sustantivo del financiamiento climático no reembolsable, suficiente y sin condicionamientos que profundicen el endeudamiento o la dependencia extractiva.

Esto supone también crear las condiciones económicas y financieras para que los territorios indígenas y otros territorios de alta importancia ecológica puedan mantenerse como zonas de exclusión de actividades extractivas, sin que su protección dependa de renunciar a las divisas e ingresos fiscales necesarios para sostener las economías nacionales.

La trampa financiera en cuatro cifras

IndicadorDato clave
Crecimiento de la deuda externa analizada, 2020–2024+15,8%
Servicio de deuda externa por cada dólar de financiamiento climático*USD 26,5 por USD 1
Financiamiento climático que llega como deuda en Sudamérica sin Brasil, 2023–202467%
Productos primarios en las exportaciones de bienes de los países amazónicos analizados74%–95%
* Para Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, acumulado 2016–2023.
Fuentes: OFC con datos de Banco Mundial, International Debt Statistics; OECD CRS; Climate Policy Initiative; CEPAL/UN Comtrade y UNCTAD. El 67% corresponde al agregado de Sudamérica excluido Brasil y no exclusivamente a los países amazónicos.

1. La deuda crece mientras persiste la dependencia extractiva

Entre 2020 y 2024, la deuda externa pública y privada de siete países amazónicos con información comparable pasó de USD 861,1 mil millones a USD 997,2 mil millones: un aumento de 15,8%. Brasil mantiene el mayor stock, pero el crecimiento relativo fue mucho más rápido en Guyana (+175%), Perú (+29,6%) y Colombia (+28,8%).

Gráfico 1. Deuda externa agregada de siete países amazónicos, 2020–2024.
Fuente: Base OFC elaborada con información de Banco Mundial / International Debt Statistics y la hoja de cálculo de trabajo.

PaísDeuda 2020Deuda 2024Variación 2020–2024
Guyana2,05,5175,0%
Perú81,0105,029,6%
Colombia156,0201,028,8%
Bolivia13,315,718,0%
Brasil548,0605,510,5%
Ecuador56,860,46,3%
Surinam4,04,12,5%
Total analizado861,1997,215,8%

Cuadro 1. Crecimiento de la deuda externa pública y privada. Valores en USD miles de millones.
Fuente: Base OFC.

La evolución del endeudamiento ocurre sobre economías con una estructura exportadora fuertemente primaria. Esa combinación es importante porque la deuda externa se paga con divisas del extractivismo; en varios de países amazónicos, las divisas dependen de petróleo, minería, gas, agroexportación y otros productos básicos.

PaísDeuda externa 2024
(USD mil millones)
Dependencia extractivaPresión financiera / climática
Brasil605,5minería, petróleo, agroexportacióngran stock de deuda
Colombia201,0petróleo, carbón, mineríafuerte crecimiento de deuda
Perú105,0minería29,6% de deuda
Ecuador60,4petróleo y mineríarestricción fiscal/deuda
Bolivia15,7gas y mineríaescasez de divisas
Guyana5,5expansión petrolera175% de deuda
Surinam4,1minería y petróleoelevada vulnerabilidad relativa
Cuadro 2. Deuda externa, dependencia extractiva y presión financiera/climática.
Fuente: Base OFC. La última columna sintetiza rasgos estructurales y no constituye un índice estadístico.

2. El financiamiento climático es pequeño frente al servicio de la deuda

Para Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, el servicio de la deuda externa acumulado entre 2016 y 2023 alcanzó aproximadamente USD 1,43 billones, frente a cerca de USD 54,1 mil millones de financiamiento climático registrado en el mismo período. La relación agregada es de 26,5 a 1. Para Guyana y Surinam se utiliza 2015–2020 por disponibilidad de información comparable para ambas variables.

Gráfico 2. Dólares destinados al servicio de deuda externa por cada dólar de financiamiento climático registrado.
Fuente: OFC con datos de Banco Mundial / International Debt Statistics; OECD CRS; CFC-GS. Guyana y Surinam usan 2015–2020; los demás países, 2016–2023.

La brecha alcanza 58,8 veces en Brasil, 13,4 en Surinam, 13,0 en Colombia y 8,3 en Perú y Ecuador. La comparación es además conservadora: el servicio de deuda corresponde a pagos efectivos, mientras las cifras climáticas empleadas registran compromisos y no necesariamente desembolsos. La OCDE reportó que los préstamos representaron 71% del financiamiento climático público provisto por países desarrollados en 2020; en América Latina y el Caribe, 77,4% del financiamiento climático comprometido por bancos multilaterales de desarrollo ese año utilizó instrumentos de deuda.

La evidencia más reciente muestra que el problema no es únicamente que el financiamiento climático sea pequeño frente al servicio de la deuda, sino también que una parte sustantiva de ese financiamiento llega precisamente en forma de crédito. En Sudamérica —excluido Brasil—, alrededor del 67% del financiamiento climático registrado en 2023–2024 correspondió a instrumentos de deuda, frente a apenas 5% en donaciones. Brasil presenta una proporción similar: cerca del 71% del financiamiento climático se canalizó mediante deuda, aunque con una mayor participación de crédito concesional.1 Esto refuerza una tensión central del documento: los países reciben recursos para enfrentar la crisis climática, pero una parte importante de esos recursos genera nuevas obligaciones financieras que deberán pagarse en el futuro.

Referencias para notas al pie:

  1. Stout, Sean et al. (2026). Landscape of Climate Finance in Latin America and the Caribbean. Climate Policy Initiative, pp. 19–21 y 53–55.
  2. Chiavari, Joana et al. (2025). Mapeamento de Financiamento Climático Internacional para o Brasil. Climate Policy Initiative/PUC-Rio, pp. 13–15.
  3. World Bank (2023). Ecuador Third Green and Resilient Recovery Development Policy Financing (P180319), Report No. PGD422, p. 5.
  4. World Bank (2023). Peru: Enabling a Green and Resilient Development DPF-DDO II (P179214), Report No. PGD404, p. 5.
Gráfico 5. Composición del financiamiento climático por tipo de instrumento, 2023–2024.
Fuente: OFC con datos de Climate Policy Initiative, Landscape of Climate Finance in Latin America and the Caribbean, 2026.

Conviene distinguir, además, entre deuda concesional y deuda no concesional o a condiciones de mercado. La deuda concesional sigue siendo un préstamo, pero incorpora condiciones más favorables que las comerciales: tasas de interés menores, plazos más largos o períodos de gracia. La deuda no concesional, en cambio, se otorga en condiciones próximas a las de mercado y suele implicar un costo financiero mayor. En Sudamérica sin Brasil, el financiamiento climático está dominado por esta segunda modalidad; por eso, el hecho de que un flujo sea clasificado como “climático” no significa que constituya una transferencia neta de recursos. Brasil muestra otra combinación: una parte importante de su financiamiento se explica por crédito rural subsidiado y otros instrumentos concesionales, pero las donaciones siguen siendo marginales. En el financiamiento climático internacional hacia Brasil en 2021–2022, por ejemplo, las donaciones representaron apenas 3% del total, mientras los créditos —concesionales y no concesionales— tuvieron un peso muy superior.2

Los países amazónicos ofrecen ejemplos concretos de esta dinámica. En Ecuador, el Banco Mundial aprobó en 2023 un préstamo de USD 500 millones para el programa Third Green and Resilient Recovery Development Policy Financing, destinado a apoyar reformas vinculadas con desarrollo resiliente y bajo en carbono; esa operación fue la tercera de una serie que ya había incluido créditos por USD 700 millones y USD 500 millones en 2022.³ En Perú, ese mismo año, el Banco Mundial aprobó un préstamo de USD 750 millones para fortalecer la recuperación verde, la adaptación climática y la transición hacia una economía más sostenible, después de una primera operación por USD 500 millones en 2022.3 Estos casos muestran que una parte relevante del financiamiento denominado climático entra en los balances públicos como nueva deuda, aun cuando financie objetivos de mitigación, adaptación o resiliencia.

Esto no implica que todo préstamo climático sea necesariamente perjudicial: el crédito puede financiar infraestructura, adaptación o transición energética con beneficios económicos y ambientales importantes. El problema estructural aparece cuando el financiamiento climático se apoya mayoritariamente en deuda en países que ya enfrentan restricciones de divisas y altos compromisos de servicio externo. En esas condiciones, el financiamiento puede resolver una necesidad inmediata y, al mismo tiempo, aumentar obligaciones futuras de principal e intereses. Por eso, para evaluar su aporte real no basta con medir cuánto financiamiento climático “llega”; también es necesario distinguir cuánto corresponde a donaciones, cuánto a deuda concesional y cuánto a deuda a condiciones de mercado, y comparar esos flujos con los recursos que simultáneamente salen por servicio de la deuda.

Necesidades de financiamiento climático de los países amazónicos

Dimensionar la brecha de financiamiento climático de la Amazonía presenta una dificultad metodológica: no existe una estimación regional única y comparable del volumen de recursos requerido para enfrentar el cambio climático en el conjunto del bioma amazónico. Las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), los planes de adaptación y otros instrumentos oficiales utilizan metodologías, horizontes temporales y coberturas diferentes. Algunos países estiman el costo prácticamente total de sus compromisos climáticos; otros presentan únicamente portafolios de proyectos o costos sectoriales. Por ello, las cifras siguientes no deben interpretarse como una estimación consolidada del “costo climático de la Amazonía”, sino como un piso de necesidades financieras oficialmente identificadas por los países amazónicos.

Cuadro X. Necesidades de financiamiento climático identificadas por los países amazónicos

PaísPeríodo / instrumentoNecesidad o inversión identificadaAlcance
BoliviaPrimer Informe Bienal de Transparencia, 2025–2030USD 9.300 millonesEstimación preliminar de necesidades de apoyo financiero para adaptación, mitigación, bosques y fortalecimiento institucional. Incluye USD 3.700 millones para adaptación, USD 4.800 millones para mitigación y USD 1.500 millones para conservación de bosques, entre otros componentes.
BrasilSegunda NDCR$ 200.000 millonesNo representa el costo total de la NDC. Corresponde exclusivamente al Arco de Restauración de la Amazonía, que plantea restaurar 6 millones de hectáreas hasta 2030 y 24 millones hasta 2050.
ColombiaNDC 3.0USD 38.962 millonesPortafolio de Transición Socioecológica compuesto por 120 proyectos. Al momento de elaboración de la NDC apenas el 10,6% se encontraba financiado. La propia NDC advierte que este portafolio no representa la totalidad de las necesidades de financiamiento climático del país.
EcuadorSegunda NDC, 2026–2035USD 6.500 millonesPresupuesto referencial para implementar la NDC. Solo 27% corresponde al componente incondicional, mientras 73% depende de recursos y apoyo adicionales.
GuyanaNDC y documentos de planificaciónSin estimación directamente comparableExisten estimaciones de inversión asociadas a su estrategia de desarrollo bajo en carbono, pero su cobertura combina objetivos climáticos y de desarrollo y no resulta directamente comparable con los costos de NDC utilizados para los demás países.
PerúNDC 3.0USD 50.215 millonesCosto estimado de implementación de la NDC: aproximadamente USD 32.350 millones en mitigación y USD 17.864 millones en adaptación.
SurinamNDC 3.0, 2025–2035USD 4.500 millonesNecesidades estimadas para mitigación y adaptación durante diez años. La NDC señala que este volumen supera ampliamente la capacidad fiscal del país.
VenezuelaSegunda NDC, 2025–2030USD 46.267 millonesPortafolio de proyectos que contempla aproximadamente USD 18.434 millones para mitigación y USD 27.833 millones para adaptación. El componente de adaptación está fuertemente determinado por inversiones en hábitat y vivienda.
Fuente: elaboración propia con base en NDC, informes bienales de transparencia y documentos oficiales presentados ante la CMNUCC. Las cifras no son estrictamente comparables debido a diferencias de cobertura, metodología y período.

Aun con estas limitaciones, el orden de magnitud es significativo. Solo seis países para los cuales existen estimaciones monetarias relativamente identificables —Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Surinam y Venezuela— acumulan alrededor de USD 155.700 millones en necesidades o inversiones climáticas cuantificadas. Esta cifra no debe interpretarse como una necesidad anual ni como el costo exclusivo de proteger la Amazonía: los horizontes temporales son distintos y las estimaciones comprenden territorios nacionales completos. Tampoco incorpora a Brasil, cuya NDC no presenta un costo agregado comparable, aunque estima R$ 200.000 millones únicamente para el Arco de Restauración de la Amazonía. En consecuencia, los USD 155.700 millones constituyen más bien un piso documentado de requerimientos financieros, no una estimación completa de la brecha climática regional.

El contraste con los recursos que efectivamente llegan a la Amazonía permite dimensionar mejor esta brecha. Un estudio del Banco Mundial publicado en 2026 identificó aproximadamente USD 8.940 millones de financiamiento internacional reembolsable y no reembolsable destinado a conservación y manejo sostenible de la Amazonía entre 2013 y 2024. La cifra no es directamente comparable con las necesidades de las NDC —su ámbito es más estrecho y cubre un período diferente—, pero evidencia que los flujos internacionales específicamente dirigidos a la protección y gestión sostenible del bioma se mantienen en una escala reducida frente a los requerimientos de transformación climática identificados por los propios países.

La brecha tampoco es exclusiva de la Amazonía. Climate Policy Initiative estima que América Latina y el Caribe movilizó USD 108.000 millones de financiamiento climático en 2024, mientras que las necesidades anuales únicamente para mitigación durante 2025–2030 se sitúan entre USD 467.000 y USD 847.000 millones. Los flujos observados equivalen, por tanto, a solo una fracción del financiamiento requerido para cumplir las trayectorias climáticas regionales.

Para los países amazónicos, esta insuficiencia tiene una dimensión adicional. Las necesidades de adaptación, conservación de bosques, transformación energética, restauración de ecosistemas y fortalecimiento de economías territoriales compiten por espacio fiscal con el servicio de la deuda y otras obligaciones financieras. En varios casos, además, una parte sustantiva de las NDC está explícitamente condicionada a la obtención de recursos externos. Ecuador, por ejemplo, condiciona el 73% del presupuesto referencial de su segunda NDC a financiamiento y apoyo adicionales, mientras Colombia señala expresamente la necesidad de movilizar recursos sin incrementar la carga de deuda del país.

El problema, por tanto, no se reduce a movilizar “más financiamiento climático”. Importa bajo qué condiciones se moviliza. Si la respuesta a una brecha de esta magnitud se concentra en préstamos, bonos y otros instrumentos reembolsables, los países pueden financiar determinadas inversiones climáticas a corto plazo mientras amplían simultáneamente sus obligaciones futuras de deuda. Esto es especialmente problemático en territorios amazónicos donde la presión por obtener divisas, ingresos fiscales y recursos para el servicio de la deuda puede reforzar la expansión petrolera, minera, agroindustrial o de infraestructura, reproduciendo territorios de exclusión y profundizando las presiones sobre pueblos y ecosistemas.

Desde esta perspectiva, la brecha de financiamiento climático y la crisis de deuda no constituyen problemas separados. La capacidad de los países amazónicos para mantener combustibles fósiles y minerales bajo tierra, reducir la deforestación, restaurar ecosistemas y financiar alternativas económicas depende también de liberar espacio fiscal y modificar la composición del financiamiento disponible. De allí la importancia de combinar alivio y cancelación de deuda con mayores transferencias internacionales no reembolsables y mecanismos de financiamiento climático que no generen nuevas cargas financieras para los países y territorios que ya enfrentan los mayores costos ecológicos y climáticos.

3. La dependencia primaria mantiene la presión por generar divisas

La restricción financiera opera sobre estructuras exportadoras poco diversificadas. En el promedio 2020–2024, los productos primarios representaron 94,5% de las exportaciones de bienes de Ecuador, 92,0% de Bolivia, 90,1% de Perú, 78,8% de Guyana, 78,3% de Colombia y 74,3% de Brasil. Para Venezuela se utiliza una referencia 2021–2023 y para Surinam un promedio 2021–2024 por disponibilidad de datos comparables.

Gráfico 3. Productos primarios como proporción de las exportaciones FOB de bienes.
Fuente: OFC con datos de CEPAL / UN Comtrade y UNCTAD. * Venezuela: 2021–2023. ** Surinam: 2021–2024. Resto: promedio 2020–2024.

Estos datos no prueban que cada proyecto extractivo sea consecuencia directa de la deuda. Sí muestran la base material de la relación: cuando una economía necesita divisas para importar y pagar deuda externa, pero obtiene la mayor parte de sus dólares exportando productos primarios, la presión por mantener o ampliar esas exportaciones se vuelve orgánica.

4. El servicio de la deuda también restringe el presupuesto público

En 2024, al excluir del denominador los ingresos provenientes de nuevo endeudamiento, el servicio de la deuda equivalió a 35,0% de los ingresos presupuestarios de Surinam, 34,5% de Ecuador, 22,0% de Colombia, 13,4% de Perú y 6,3% de Guyana. Brasil registra una razón bruta de 83,5%, pero su sistema presupuestario contabiliza la refinanciación o rolagem de deuda de una forma que exige cautela comparativa.

Gráfico 4. Servicio de deuda como porcentaje de ingresos presupuestarios excluyendo nuevo endeudamiento, 2024.
Fuente: OFC con datos del Presupuestos nacionales 2024 de Brasil, Surinam, Ecuador, Colombia, Perú y Guyana. Bolivia y Venezuela no se muestran por falta de desagregación suficientemente comparable bajo el mismo criterio.

La presión fiscal importa para el clima porque la transición, la adaptación y la conservación requieren gasto público sostenido. Cuando una fracción importante de los ingresos debe destinarse a amortizaciones e intereses, el espacio para inversión climática, protección social y transformación productiva se reduce. El problema no es solamente cuánto financiamiento climático entra, sino cuánto recurso sale y qué obligaciones financieras permanecen.

6. Por qué rechazamos las falsas soluciones financieras climáticas

Una falsa solución financiera climática es aquella que moviliza recursos bajo una etiqueta climática, ambiental o de conservación, pero no contribuye a transformar las causas de fondo que generan la crisis ecológica ni las restricciones macroeconómicas, y que por lo tanto tienden a reproducirlas, empujando a los países amazónicos hacia una mayor explotación de sus recursos naturales.

En particular, estas soluciones no modifican de manera sustantiva los mecanismos que producen escasez de divisas, insuficiencia de ingresos públicos para desarrollo y elevados compromisos de deuda externa. Al mantenerse estas restricciones, los Estados continúan dependiendo de la expansión de exportaciones de petróleo, minerales, agrocommodities y otros recursos naturales para obtener dólares, ingresos fiscales y capacidad de pago.

1. No modifican las causas estructurales de la presión extractiva. El financiamiento puede destinar recursos a conservación, adaptación o mitigación, pero deja intacta la estructura económica que obliga a obtener divisas y recursos fiscales mediante actividades extractivas. Puede conservarse una parte del bosque mientras, simultáneamente, se amplían las fronteras petrolera, minera o agroindustrial para sostener la balanza de pagos y las cuentas públicas.

2. No generan una transferencia neta, suficiente y adicional de recursos. Parte del financiamiento climático consiste en préstamos, refinanciamientos, recursos previamente comprometidos o mecanismos que incorporan intereses, comisiones y costos de intermediación. En estos casos, el flujo recibido puede ser reducido frente a las necesidades de financiamiento y, sobre todo, frente al volumen de recursos que salen por concepto de deuda, utilidades, dividendos e intereses.

3. Reproducen el endeudamiento. Cuando los recursos climáticos llegan mediante préstamos, bonos, garantías o refinanciamientos, pueden crear obligaciones futuras que vuelven a presionar las cuentas públicas y la disponibilidad de divisas. Un instrumento puede financiar una inversión climática y, al mismo tiempo, aumentar el servicio de deuda de los años siguientes.

4. Financian conservación sin transformar el modelo productivo. Pueden proteger un bosque, financiar adaptación o sostener un proyecto climático localizado mientras continúa la expansión petrolera, minera o agroexportadora que sostiene la balanza de pagos. La conservación puntual no sustituye una transformación productiva y fiscal de alcance nacional.

5. Una política climática coherente debería permitir avanzar en sentido contrario: proteger integralmente los territorios y reconocer, allí donde los Pueblos Indígenas así lo determinen, zonas de exclusión de actividades extractivas, en lugar de compensar la conservación de unos espacios con una mayor presión sobre otros.

6. Transforman la naturaleza en una fuente adicional de rentabilidad financiera. La creación de activos asociados a carbono, biodiversidad o servicios ecosistémicos puede atraer recursos, pero también convertir funciones ecológicas en nuevas unidades transables sin reducir por sí misma las actividades que generan destrucción ambiental. Así, la movilización de capital no puede reemplazar la reducción efectiva de las presiones extractivas.

No pretendemos que todo uso de los siguientes instrumentos sea necesariamente una falsa solución. Su evaluación depende del diseño, la escala, la adicionalidad, los costos, la distribución de riesgos y beneficios y, sobre todo, de si reducen o no las restricciones fiscales y externas que sostienen la presión extractiva. Por ejemplo:

InstrumentoQué puede aportarRiesgo estructural
Canjes de deuda por naturaleza o climaPueden reducir o refinanciar una fracción de la deuda y destinar recursos a conservación.Alivio parcial sin cambio sustantivo del stock y endurecimiento de las condiciones futuras de renegociación
Mercados de carbono y REDDPueden generar ingresos para conservación o reducción de emisiones.La conservación localizada puede coexistir con continuidad extractiva en otros territorios.
Blended finance y garantías públicasPueden movilizar capital privado mediante recursos concesionales y reducción de riesgos.Parte del riesgo puede quedar en el sector público sin transformar la restricción fiscal o externa.
Créditos de biodiversidad y capital naturalPueden canalizar recursos hacia resultados de conservación.La naturaleza puede convertirse en un activo transable sin reducir las actividades que causan su pérdida.
Cuadro 3. Instrumentos que pueden operar como falsas soluciones según su diseño y efectos estructurales.
Fuente: Síntesis OFC con referencia a FMI, OCDE, Banco Mundial y UNFCCC.

5. Las calificadoras de riesgo y el costo financiero de la transición

La restricción financiera no opera únicamente mediante el volumen de deuda y sus pagos. Las calificaciones soberanas influyen en las condiciones de acceso al mercado, las decisiones de inversionistas y el costo del financiamiento. No determinan por sí solas las tasas de interés ni las políticas de un gobierno, pero forman parte de la infraestructura mediante la cual los mercados evalúan el riesgo de prestar a un Estado.

Las agencias no califican solamente deuda y déficit. S&P evalúa cinco grandes dimensiones: instituciones y gobernanza, estructura económica, posición externa, desempeño fiscal y deuda, y flexibilidad monetaria. Su evaluación institucional incluye estabilidad y previsibilidad de las políticas, funcionamiento de las instituciones, cultura de pago y riesgos de seguridad. Fitch incorpora, entre otras variables, gobernanza —incluida estabilidad política—, desempeño macroeconómico, finanzas públicas y posición externa. Moody’s considera fortaleza económica, instituciones y gobernanza, fortaleza fiscal y susceptibilidad a eventos de riesgo.

Esto genera una tensión para las economías amazónicas: algunas variables que fortalecen su capacidad de pago —exportaciones, reservas e ingresos fiscales— continúan dependiendo del petróleo, la minería, el gas y otras actividades primarias.

Cuadro 3. Cómo los criterios de riesgo soberano pueden interactuar con la transición climática

Dimensión evaluadaQué observan las calificadorasPosible tensión en economías amazónicas
Instituciones y riesgo políticoGobernanza, estabilidad, seguridad y previsibilidad de políticasCrisis políticas o cambios abruptos pueden deteriorar la evaluación crediticia
Liquidez y posición externaReservas, financiamiento y generación de divisasLas exportaciones primarias fortalecen la liquidez externa
Desempeño fiscalDéficit, ingresos, deuda y capacidad de ajustePetróleo y minería pueden sostener ingresos públicos
Servicio de deudaIntereses, vencimientos y refinanciamientoUna baja calificación puede encarecer el financiamiento
Flexibilidad monetariaCapacidad para enfrentar shocksUna menor autonomía monetaria aumenta la importancia de las divisas
Riesgo climáticoImpactos sobre crecimiento y cuentas públicasLa vulnerabilidad climática puede convertirse en riesgo crediticio
TransiciónPérdida de ingresos, exportaciones y activos vinculados a fósilesAbandonar actividades extractivas puede deteriorar temporalmente variables fiscales y externas
Fuente: elaboración OFC con base en metodologías de S&P Global Ratings, Fitch Ratings y Moody’s.

El mecanismo puede observarse en evaluaciones concretas. En junio de 2026, S&P mantuvo la calificación de Brasil en BB y señaló que su fuerte posición externa compensaba parcialmente su debilidad fiscal; entre las fortalezas mencionó expresamente las exportaciones de commodities agrícolas y energéticos y las elevadas reservas internacionales. Desde la perspectiva crediticia, por tanto, actividades primarias que plantean problemas para una transición ecológica pueden simultáneamente fortalecer la capacidad externa de pago.

Las calificadoras también han sido objeto de críticas

Las calificaciones no son indicadores neutrales de desarrollo ni evaluaciones generales del interés público: son opiniones sobre riesgo de crédito. Las tres grandes agencias —S&P, Moody’s y Fitch— concentran, según estimaciones recogidas por UNCTAD, entre 90% y 95% de las calificaciones soberanas mundiales. Además, combinan indicadores cuantitativos con evaluaciones cualitativas. UNCTAD señala que estos juicios abren espacio para sesgos y que distintos estudios han encontrado sesgos que han perjudicado a países en desarrollo, aunque advierte que no es sencillo demostrar la existencia de un sesgo sistemático y uniforme. También se han cuestionado potenciales conflictos de interés asociados al modelo mediante el cual el emisor paga por ser calificado.

Estas críticas no son nuevas. Después de la crisis financiera de 2008, el Financial Stability Board, con respaldo del G20, adoptó en 2010 principios para reducir la dependencia mecánica de las calificaciones. El FSB reconoció que incorporar automáticamente las notas en regulaciones y decisiones financieras podía generar comportamientos de manada, efectos abruptos ante una rebaja y mayor prociclicidad. Recomendó que bancos e inversionistas desarrollaran sus propias evaluaciones de riesgo en lugar de depender automáticamente de las agencias.

La Unión Europea reforzó posteriormente la regulación de las agencias. Su reforma de 2013 estableció, entre otras medidas, que las calificaciones soberanas debían explicar sus fundamentos, pero que las agencias debían abstenerse de formular recomendaciones directas o explícitas sobre las políticas económicas, laborales u otras políticas nacionales. El antecedente es importante: reconoce la diferencia entre evaluar riesgo crediticio y prescribir política pública.

Cuadro 4. Calificaciones soberanas de los países amazónicos analizados, última información pública disponible a septiembre de 2026

PaísS&P GlobalMoody’sFitchSituación general
PerúBBB−Baa1BBBGrado de inversión
ColombiaBB−Baa3BBMixta: Moody’s mantiene grado de inversión
BrasilBBBa1BBGrado especulativo
EcuadorBCaa1B−Grado especulativo
BoliviaCCC+Caa3CCCRiesgo crediticio muy elevado
SurinamCCC+Caa1RD*Riesgo muy elevado / reestructuración previa
GuyanaNRNRNRSin calificación de las tres grandes agencias
Nota: el grado de inversión comienza en BBB− para S&P y Fitch y Baa3 para Moody’s. NR = no calificado; RD = Restricted Default. *Fitch mantiene RD para la deuda soberana de Surinam en moneda extranjera y CCC en moneda local. Las revisiones de las tres agencias no se realizan simultáneamente, por lo que el cuadro refleja la última información pública disponible y no una observación tomada en una misma fecha. Perú y Colombia: Brasil y Ecuador: Bolivia, Surinam y Guyana.

El cuadro muestra condiciones muy diferentes de acceso al financiamiento. Perú conserva grado de inversión con las tres agencias; Colombia únicamente con Moody’s; Brasil permanece en grado especulativo; y Ecuador, Bolivia y Surinam se sitúan varios escalones por debajo del umbral de inversión. La calificación no explica por sí sola el costo de financiamiento —los mercados utilizan mucha más información—, pero constituye una de las señales utilizadas para evaluar el riesgo soberano. UNCTAD encuentra, precisamente, que los diferenciales de tasas entre países con una misma calificación confirman que los mercados consideran otros factores además de la nota crediticia.

Yasuní: cuando dejar petróleo bajo tierra entra en la evaluación crediticia

El Parque Nacional Yasuní se encuentra en la Amazonía ecuatoriana y alberga el bloque petrolero 43-ITT —Ishpingo, Tambococha y Tiputini—. En agosto de 2023 Ecuador realizó un referéndum nacional para decidir si el petróleo de ese bloque debía permanecer indefinidamente bajo tierra. El 58,95% votó a favor.

Las agencias incorporaron las consecuencias económicas de esa decisión a sus análisis crediticios. Antes de la votación, S&P señaló que reducir la producción petrolera afectaría crecimiento y presupuesto, y que la pérdida de ingresos tendría que compensarse con mayores impuestos o implicaría mayores necesidades de endeudamiento.

Después del referéndum, Fitch advirtió que sus efectos sobre crecimiento, cuentas fiscales y liquidez externa podían debilitar las métricas crediticias soberanas. Moody’s calificó las restricciones a la explotación petrolera en Yasuní y a la minería en el Chocó Andino como riesgos crediticios por sus efectos sobre crecimiento, inversión e ingresos públicos.

El caso no demuestra que las agencias hayan determinado la decisión. Muestra cómo una decisión democrática de conservación puede traducirse financieramente en menores ingresos, menores divisas y mayor riesgo de crédito.

La contradicción es relevante para una transición más allá de los combustibles fósiles. Los países pueden perder ingresos fiscales y divisas antes de que nuevas actividades productivas logren sustituirlos; durante ese período pueden deteriorarse precisamente algunas de las variables utilizadas para evaluar su capacidad de pago. La transición climática enfrenta así no solo un problema de disponibilidad de recursos, sino también de condiciones de financiamiento.

Esto tampoco implica que mejorar una calificación sea incompatible con la transición. Una economía más diversificada, con mayor productividad, mejores instituciones y menor vulnerabilidad fiscal y externa podría fortalecer simultáneamente su resiliencia climática y crediticia. El problema aparece cuando, en el corto y mediano plazo, la capacidad de generar las divisas e ingresos que sostienen la solvencia continúa dependiendo de actividades que deben reducirse para cumplir objetivos climáticos.

6. Proponemos las siguientes soluciones estructurales

Proteger la Amazonía requiere actuar sobre las restricciones económicas y financieras que empujan a los países a priorizar la generación de divisas y el servicio de la deuda, aun cuando ello entre en tensión con la protección de ecosistemas y la transformación productiva. Por esa razón, la política climática no puede limitarse a movilizar recursos para proyectos ambientales: debe intervenir también sobre la arquitectura financiera internacional, las condiciones del endeudamiento y la estructura mediante la cual las economías amazónicas generan divisas.

Las propuestas que siguen no parten de cero, pero tampoco corresponden a soluciones que ya estén garantizadas. Durante los últimos años se han abierto distintos procesos internacionales sobre deuda soberana, reforma de la arquitectura financiera, cooperación tributaria, Derechos Especiales de Giro, financiamiento climático y transición energética. Algunos han producido compromisos relevantes; otros apenas han establecido procedimientos de discusión, dependen de decisiones voluntarias o mantienen reglas que no modifican las relaciones estructurales entre acreedores y deudores. El desafío es profundizar y articular esas iniciativas, y evitar que terminen reproduciendo mediante nuevos instrumentos las mismas restricciones que pretenden enfrentar.

El Compromiso de Sevilla, adoptado en 2025 en la Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, acordó iniciar un proceso intergubernamental en Naciones Unidas destinado a identificar las brechas de la arquitectura internacional de deuda y explorar alternativas para la sostenibilidad del endeudamiento. Sin embargo, ese mandato todavía no constituye un mecanismo multilateral vinculante de reestructuración o cancelación. A su vez, el Pacto para el Futuro había acordado en 2024 revisar la arquitectura de deuda y ampliar la participación de los países en desarrollo en la gobernanza financiera internacional. Son aperturas importantes, pero su alcance definitivo continúa en disputa.

También existen antecedentes políticos que colocan la cancelación de deuda en relación directa con la justicia ambiental. En la convocatoria al Jubileo de 2025, el papa Francisco llamó a los países ricos a condonar las deudas que los países empobrecidos no pueden pagar y sostuvo que esta cuestión debe entenderse como un asunto de justicia relacionado con la “deuda ecológica” existente entre el Norte y el Sur. El planteamiento recupera una demanda histórica del movimiento por la justicia de la deuda, aunque no se ha traducido hasta ahora en un mecanismo internacional general de cancelación.

La discusión se conecta además con el Proceso de Santa Marta. La Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, realizada en Colombia en abril de 2026 y copresidida por Colombia y los Países Bajos, reunió a 57 países para discutir cómo reducir la dependencia económica de petróleo, gas y carbón, transformar la oferta y la demanda y fortalecer la cooperación internacional. No estableció un calendario global vinculante para abandonar los combustibles fósiles: creó líneas de trabajo, un mecanismo de continuidad y una segunda conferencia para 2027. Sus resultados serán conectados con la hoja de ruta y la Agenda de Acción de la COP31. Más importante para este análisis, su informe final identifica entre los obstáculos de la transición los altos costos del capital, las cargas de deuda y la insuficiencia del financiamiento, y plantea la reforma de la arquitectura financiera como una de las condiciones para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Sobre estos antecedentes proponemos avanzar en las siguientes líneas:

1. Alivio y cancelación de deuda. Impulsar reducciones sustantivas del stock y del servicio de deuda en países con alta vulnerabilidad climática, ecológica y financiera, de modo que el alivio genere una transferencia neta de recursos y espacio fiscal efectivo, en lugar de limitarse a extender vencimientos o sustituir obligaciones antiguas por nueva deuda. La convocatoria del Jubileo de 2025 constituye un antecedente político explícito de esta demanda y vincula la cancelación con la deuda ecológica acumulada entre Norte y Sur. El desafío es trasladar ese principio hacia mecanismos internacionales capaces de producir reducciones efectivas y suficientemente amplias del endeudamiento.

2. Una Convención Marco de Naciones Unidas sobre Deuda Soberana. Proponemos que el proceso intergubernamental abierto en Naciones Unidas sobre la arquitectura de deuda avance hacia un marco multilateral con reglas vinculantes para las reestructuraciones, participación de todos los acreedores, transparencia, suspensión temporal de pagos cuando corresponda y criterios de sostenibilidad que incorporen clima, naturaleza, derechos humanos y necesidades de desarrollo. Sevilla acordó iniciar un proceso intergubernamental para identificar y cerrar brechas de la actual arquitectura, pero no acordó todavía negociar una convención internacional sobre deuda. Nuestra propuesta consiste precisamente en llevar ese proceso más lejos.

Existe un precedente institucional que muestra que una discusión sobre gobernanza económica internacional puede trasladarse al ámbito normativo de Naciones Unidas. Actualmente se negocia la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Tributaria Internacional, junto con sus primeros protocolos, cuyo texto está previsto para ser presentado a la Asamblea General en 2027. La experiencia tributaria no garantiza que pueda reproducirse automáticamente en materia de deuda, pero demuestra que Naciones Unidas puede convertirse en un espacio de negociación de reglas económicas multilaterales y no únicamente de recomendaciones políticas.

3. Reforma de la arquitectura financiera internacional. Modificar las reglas de gobernanza, condicionalidad, financiamiento y reestructuración del FMI, el Banco Mundial y otros espacios multilaterales; fortalecer la participación efectiva de los países deudores; ampliar el financiamiento concesional; y evitar que el ajuste requerido para garantizar el pago de acreedores reduzca las capacidades públicas necesarias para financiar derechos sociales, adaptación, conservación y transformación productiva. El Pacto para el Futuro y el Compromiso de Sevilla ya reconocen la necesidad de reformar la arquitectura financiera y revisar la arquitectura de deuda, pero buena parte de las decisiones sustantivas sigue dependiendo de instituciones en las que la representación y el poder de voto continúan siendo desiguales.

4. Emisión y asignación de Derechos Especiales de Giro para una transición justa. Promover nuevas asignaciones generales de Derechos Especiales de Giro (DEG) como una fuente de liquidez internacional que reduzca la necesidad de recurrir a nuevo endeudamiento, acompañadas de mecanismos que permitan dirigir una mayor proporción de esos recursos hacia países con alta vulnerabilidad climática, ecológica y financiera. La asignación extraordinaria de 2021, equivalente a aproximadamente USD 650.000 millones, demostró la posibilidad de generar liquidez internacional a gran escala. El FMI establece expresamente que una asignación general de DEG no constituye un préstamo; sin embargo, los DEG se distribuyen según las cuotas del Fondo, por lo que las economías de mayores ingresos reciben la mayor parte, y las modalidades utilizadas para recanalizarlos pueden volver a convertir esa liquidez en préstamos.

Por ello, no basta con solicitar nuevas emisiones. Es necesario discutir su distribución y las condiciones de su recanalización. Cuando un país utiliza sus DEG y sus tenencias quedan por debajo de su asignación, aparecen cargos netos; y cuando los DEG de países ricos son canalizados mediante fondos que prestan a terceros países, reaparece una obligación financiera. Una reforma efectiva debe minimizar estos costos y priorizar mecanismos que amplíen liquidez sin aumentar nuevamente el stock de deuda.

5. Más financiamiento climático no reembolsable. Aumentar sustancialmente las transferencias y donaciones para mitigación, adaptación, pérdidas y daños, conservación y transformación productiva. La COP29 estableció como nuevo objetivo movilizar al menos USD 300.000 millones anuales hacia países en desarrollo para 2035 y llamó a ampliar los flujos públicos y privados hasta USD 1,3 billones anuales. La decisión y la posterior hoja de ruta reconocen la necesidad de utilizar donaciones, financiamiento concesional e instrumentos que no generen deuda, pero no establecen que el grueso del financiamiento climático deba entregarse bajo estas modalidades ni fijan una proporción mínima de donaciones. Por tanto, la composición del financiamiento sigue siendo una cuestión abierta y fundamental.

El Fondo para Responder a Pérdidas y Daños constituye otro antecedente que debe observarse, aunque todavía opera a una escala muy inferior a las necesidades existentes. Sus Barbados Implementation Modalities asignaron USD 250 millones para la fase inicial 2025–2026 y abrieron mecanismos de acceso para los países vulnerables. La experiencia permite demostrar que existen alternativas al financiamiento puramente crediticio, pero su escala actual no modifica por sí misma la estructura general del financiamiento climático internacional.

6. Financiamiento sin condicionamientos que reproduzcan austeridad o extractivismo. Evitar que el acceso a recursos financieros y climáticos quede condicionado a reformas que reduzcan inversión social o ambiental, privaticen activos estratégicos, amplíen garantías a inversionistas o generen nuevos incentivos para expandir actividades extractivas. Existen salvaguardas parciales. Por ejemplo, las orientaciones operativas del FMI señalan que, cuando sea pertinente, sus programas deben buscar proteger el gasto social y mitigar los efectos adversos del ajuste sobre las poblaciones vulnerables, e incluso contemplan pisos cuantitativos de gasto. Pero estas orientaciones no equivalen a una regla internacional que impida que las necesidades de consolidación fiscal entren en tensión con la inversión social, climática o ambiental, ni contienen una prohibición general de reformas que puedan ampliar las presiones extractivas.

Por eso proponemos un estándar más exigente: que los efectos fiscales, distributivos, climáticos y ecológicos de la condicionalidad sean evaluados antes de aprobar los programas y durante su ejecución, y que la protección de la inversión social y ambiental no funcione únicamente como una medida compensatoria después de definido el ajuste macroeconómico.

7. Transformación productiva y fiscal. El financiamiento climático debe contribuir a cambiar las estructuras que generan la dependencia de la deuda y del extractivismo. Esto supone diversificar exportaciones, aumentar el valor agregado nacional y regional, desarrollar capacidades científicas y tecnológicas, fortalecer sistemas públicos y construir fuentes de ingresos fiscales que reduzcan la dependencia de petróleo, gas, minería y otros productos primarios.

El Proceso de Santa Marta ofrece aquí un punto de conexión particularmente importante. Su discusión no se limitó al reemplazo tecnológico de combustibles fósiles, sino que incorporó la dependencia económica de su producción y consumo. El informe final identifica la carga de deuda, el costo del capital, los subsidios y las restricciones financieras como obstáculos para la transición, y plantea reformas financieras y estrategias para descarbonizar las balanzas comerciales. Esto es especialmente relevante para las economías amazónicas: abandonar progresivamente los combustibles fósiles exige responder también a la pregunta de qué actividades generarán las divisas, los ingresos fiscales y el empleo que actualmente dependen de ellos.

La negociación de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cooperación Tributaria Internacional constituye, por su parte, un proceso que podría ampliar las capacidades fiscales de los Estados mediante una cooperación tributaria internacional diferente de la actualmente existente. Su resultado todavía está en negociación y no puede darse por descontado, pero conecta la transformación productiva con otro problema central: reducir la dependencia de rentas extractivas requiere también ampliar la capacidad de gravar ingresos, patrimonios y actividades económicas que actualmente escapan o se trasladan fuera de las jurisdicciones nacionales.

8. Evaluación climática y ecológica de los programas de acreedores. Los programas de estabilización, los créditos y las reestructuraciones de deuda deberían incorporar evaluaciones de sus efectos sobre deforestación, extracción de combustibles fósiles, expansión minera, territorios indígenas, inversión ambiental y capacidad de los Estados para cumplir sus compromisos climáticos.

Se han producido cambios parciales en este campo. La guía conjunta del FMI y el Banco Mundial para los análisis de sostenibilidad de deuda de países de bajos ingresos incorporó en 2024 de forma más explícita los riesgos climáticos, los desastres, las inversiones de adaptación y las políticas de transición en el análisis de sostenibilidad. El avance es relevante, pero su orientación principal sigue siendo determinar cómo el cambio climático afecta la sostenibilidad de la deuda. La cuestión planteada aquí es complementaria y diferente: evaluar sistemáticamente cómo la deuda, sus condiciones y los programas de ajuste afectan el clima, los ecosistemas y las posibilidades de transición.

9. Reformar el sistema internacional de calificación soberana: Reducir la dependencia automática de las calificaciones privadas en regulaciones y decisiones financieras; fortalecer la transparencia, supervisión y rendición de cuentas de sus metodologías; ampliar la competencia; y desarrollar capacidades públicas, regionales y multilaterales que permitan contrastar las evaluaciones comerciales. El punto de partida ya existe: desde 2010 el FSB y el G20 promueven reducir el uso mecánico de las calificaciones y la Unión Europea reforzó posteriormente su regulación, pero las tres grandes agencias continúan dominando el mercado soberano.

Existen además antecedentes para avanzar hacia alternativas. En 2020, UNCTAD propuso una agencia internacional pública de calificación crediticia que aumentara la competencia en un mercado altamente concentrado; su revisión de 2025 planteó también la posibilidad de un mecanismo de Naciones Unidas de asistencia técnica y evaluación para países en desarrollo sin calificación soberana. En África, la Unión Africana impulsó la African Credit Rating Agency (AfCRA) como una alternativa continental, lanzada en 2026 mientras continuaba su proceso de operacionalización. Estos antecedentes muestran distintas rutas posibles, aunque ninguna resuelve por sí sola el problema.

El objetivo no debe ser sustituir una calificación privada por otra igualmente mecánica. Proponemos diversificar las fuentes de evaluación del riesgo soberano y desarrollar metodologías que consideren horizontes más largos, vulnerabilidades climáticas y necesidades de transformación productiva, de modo que la inversión necesaria para reducir la dependencia extractiva no sea evaluada únicamente por su costo fiscal o externo inmediato. Esto debe formar parte de una reforma más amplia de la arquitectura financiera internacional.

Como se ha mostrado a lo largo de este estudio, la deuda externa de los países amazónicos aumentó, su servicio supera ampliamente los recursos recibidos como financiamiento climático, las exportaciones continúan concentradas en productos primarios y, en varios países, los pagos de deuda absorben una proporción importante de los recursos públicos. Esta combinación ayuda a explicar por qué la protección de la naturaleza puede entrar en tensión con la necesidad inmediata de obtener divisas, ingresos fiscales y recursos para cumplir obligaciones financieras.

La respuesta, por tanto, no puede limitarse a multiplicar instrumentos financieros etiquetados como verdes. Si el financiamiento climático reproduce deuda, no aumenta suficientemente la transferencia neta de recursos o transforma la naturaleza en un nuevo activo financiero sin modificar la estructura productiva, la restricción externa y la presión extractiva permanecen. El debate abierto en Santa Marta hace todavía más visible esta contradicción: no es posible plantear seriamente una transición más allá de los combustibles fósiles en economías que dependen de su extracción para generar divisas e ingresos públicos sin resolver simultáneamente las condiciones financieras de esa transición.

De cara a la COP31, el desafío consiste en vincular debates que todavía avanzan de manera fragmentada: deuda soberana, reforma de la arquitectura financiera internacional, cooperación tributaria, Derechos Especiales de Giro, financiamiento climático y transición más allá de los combustibles fósiles. La reducción de la deuda, una arquitectura multilateral con mayor capacidad para resolver crisis soberanas, financiamiento climático predominantemente no reembolsable, nuevas fuentes de liquidez y una transformación productiva que disminuya la dependencia de las exportaciones primarias constituyen, desde la perspectiva de este documento, condiciones económicas para que la protección de la Amazonía no dependa de que los países renuncien a las divisas necesarias para sostener sus economías.

Referencias principales sugeridas para las notas al pie: Francisco, Spes non confundit. Bula de convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025, 2024, párr. 16; Naciones Unidas, Pacto para el Futuro, 2024, acciones 47–52; Naciones Unidas, Compromiso de Sevilla, 2025, especialmente párrs. 50–54; FMI, Questions and Answers on Special Drawing Rights y documentación de la asignación general de DEG de 2021; CMNUCC, New Collective Quantified Goal on Climate Finance, COP29, 2024; Fund for Responding to Loss and Damage, Barbados Implementation Modalities, 2025–2026; Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia y Gobierno de los Países Bajos, resultados e informe final de la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, Santa Marta, 2026; FMI, Operational Guidance Note on Program Design and Conditionality, 2024, párrs. 74–76; FMI y Banco Mundial, Supplement to 2018 Guidance Note on the Bank-Fund Debt Sustainability Framework for Low-Income Countries, 2024; Naciones Unidas, documentos del Comité Intergubernamental de Negociación de la UN Framework Convention on International Tax Cooperation, 2025–2026.

Notas metodológicas

• La deuda externa pública y privada proviene de la base de trabajo del OFC construida con información del Banco Mundial / International Debt Statistics. El agregado comprende Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Surinam y Guyana; Venezuela no se incluye por falta de serie comparable en IDS.

• El servicio total de deuda externa corresponde al indicador DT.TDS.DECT.CD del Banco Mundial: principal e intereses efectivamente pagados sobre deuda externa de largo plazo, intereses de corto plazo y pagos al FMI.

• El financiamiento climático 2016–2023 para Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia se toma de una sistematización del CFC-GS con base en OECD CRS – Climate-related Development Finance. Para Guyana y Surinam se utiliza 2015–2020 por disponibilidad de información comparable.

• La participación de exportaciones primarias utiliza CEPAL / UN Comtrade y UNCTAD. Surinam se presenta con promedio 2021–2024 y Venezuela con referencia 2021–2023 debido a disponibilidad de datos.

• El gráfico fiscal 2024 usa como denominador ingresos presupuestarios excluyendo nuevo endeudamiento y como numerador amortización más intereses/cargos de deuda. Brasil requiere cautela por el tratamiento presupuestario de la rolagem/refinanciación.

• La expresión “falsa solución financiera climática” es una categoría analítica y política. No implica que cada instrumento listado tenga efectos negativos en todo contexto.

Fuentes de referencia

  1. ↩︎
  2. ↩︎
  3. ↩︎

Efrén Nango: el nuevo momento de la CONFENIAE

Efrén Nango: el nuevo momento de la CONFENIAE

Un perfil político de la nueva dirigencia amazónica y del lugar que ocupa en las tensiones de las finanzas climáticas

Por Diana Chávez[1] y Pablo Iturralde[2]

La elección de Efrén Nango Tsetsekip como presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE) introduce un liderazgo con características distintas a buena parte de los perfiles de la política indígena nacional. Efrén es shiwiar, originario de Pastaza, ingeniero ambiental y tenía 34 años cuando disputó la presidencia de la CONAIE en 2025. Su trayectoria se ha construido en la intersección entre organización indígena, educación intercultural, derechos colectivos, ambiente y cooperación.[3]

La elección de Efrén Nango tampoco ocurre en un momento cualquiera. . La CONFENIAE viene de un período de fuertes tensiones internas y, en un sentido más amplio, el movimiento indígena ecuatoriano atraviesa una disputa sobre su orientación política, su autonomía frente al Estado y su relación con los gobiernos de turno. En un análisis que publicamos después de las elecciones de la CONAIE de 2025 propusimos que esas diferencias no podían reducirse a una oposición simple entre izquierda y derecha: coexistían una izquierda indígena de vocación autónoma y popular, un sector más orientado a la gobernabilidad y un campo intermedio que combinaba autonomismo, ambientalismo institucional y pragmatismo. La propia diversidad territorial e histórica de las organizaciones obliga, sin embargo, a tratar estas categorías como tendencias y no como bloques rígidos.[4]

Efrén puede leerse, provisionalmente, dentro de ese campo intermedio. No porque carezca de posiciones definidas —su crítica al extractivismo y su defensa de los derechos colectivos están documentadas—, sino porque su trayectoria también incluye interlocución institucional, cooperación ambiental y participación en mecanismos de financiamiento climático. Esa combinación es precisamente la que vuelve políticamente relevante su llegada a la CONFENIAE.

La elección de Nango,adquiere además una dimensión política particular por el contexto reciente de la CONFENIAE. Después de un período de fuerte acercamiento de sectores de su dirigencia al Gobierno de Daniel Noboa, la presencia en la contienda de una candidatura identificada por parte de las bases como más cercana al Ejecutivo convirtió la disputa por la presidencia en algo más que una competencia entre dirigentes. La victoria de Efrén Nango puede leerse como una señal de búsqueda de mayor autonomía política y de recomposición interna de la CONFENIAE. Su elección dificulta la continuidad de una conducción identificada con una relación privilegiada con Carondelet y vuelve a colocar en el centro la definición de una agenda amazónica desde las propias organizaciones.

Esto resulta especialmente significativo porque la CONFENIAE se define institucionalmente como una organización autónoma, representa a 23 organizaciones de base que agrupa a 11 nacionalidades; por lo tanto,las decisiones que deberá enfrentar la nueva dirigencia —expansión petrolera, minera, y del catastro minero, el respeto a la consulta previa y control territorial, y debates sobre el financiamiento climático— involucran intereses directos del Estado y de actores económicos privados. La importancia de la elección de Nango no reside, por tanto, en sustituir una alineación gubernamental por otra partidaria, sino en saber si su conducción logra reconstruir una capacidad propia de decisión frente al Gobierno, la CONAIE, la cooperación internacional y las empresas que operan sobre los territorios amazónicos. Reconstruir y llegar a implementar el Estado plurinacional desde la Amazonía, espacio con posibilidades por la misma presencia en incidencia indígena.

Un liderazgo del proceso

Efrén ya había estado cerca de presidir la CONFENIAE. En las elecciones de 2023 obtuvo 261 votos, frente a los 321 de José Esach, mientras Washington Tiwi alcanzó 224 y Manuel Shiguango 46. No era, por tanto, una candidatura marginal: hace tres años ya representaba una de las principales corrientes organizativas de la Amazonía.[5]

Su trayectoria anterior se desarrolló precisamente dentro de su organización la NASHIE () luego de graduarse como ingeniero ambiental en la Universidad Estatal Amazónica, empieza a apoyar como técnico en su organización y es ahí que es reconocido y seleccionado como candidato en la dirigencia de CONFENIAE. Ocupando en la  la presidencia de Marlon Vargas la dirigencia de Ciencia, Educación y Tecnología. Desde allí trabajó particularmente sobre las barreras que enfrentan los jóvenes amazónicos para acceder a educación superior y sobre la construcción de una educación intercultural basada en los territorios y conocimientos indígenas.[6] Fue punto focal para el proceso de elaboración de los planes de vida de las 23 organizaciones con fondos de la SCTEA a cargo de IKIAM, enfrentando burocracia y el único momento en que el fondo ha llegado a las organizaciones en 6 años de funcionamiento.

Efrén también representa a la nacionalidad Shiwiar en el Consejo Plurinacional del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe y la Etnoeducación. Ante la Asamblea Nacional defendió la autonomía del sistema y sostuvo que su fortalecimiento no busca dividir al Estado, sino garantizar derechos colectivos y el ejercicio del derecho ancestral.[7]

En Efrén aparece con más fuerza un perfil técnico-organizativo: educación, ambiente, planificación territorial, derechos colectivos y participación en instituciones interculturales.

Entre Marlon Vargas y una base política propia

La relación con Marlon Vargas es una de las claves para entender su nuevo papel. Efrén formó parte del Consejo de Gobierno de la CONFENIAE presidido por Vargas, pero posteriormente comenzó a disputar espacios de conducción propios.

En junio de 2025 ambos compitieron, en elecciones internas (primarias) de la CONFENIAE, para convertirse en el candidato amazónico a la presidencia de la CONAIE. Vargas consiguió 523 votos, Efrén 157 y Agustín Wachapá 86. Un mes después, Efrén volvió a presentarse como candidato a la presidencia nacional de la CONAIE.[8]

La trayectoria de Efrén, sin embargo, no fue una acumulación política lineal ni una construcción paralela sostenida frente a Marlon Vargas. Después de sus anteriores disputas internas, se retiró durante un tiempo del primer plano organizativo y reapareció principalmente vinculado al Consejo Plurinacional del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe. Proveniente además de una nacionalidad relativamente pequeña dentro de la Amazonía , intentó posteriormente trasladar esa presencia al terreno electoral mediante una candidatura a la concejalía rural por Pachakutik, que tampoco prosperó. Tras esa derrota volvió a mantener un perfil bajo. Su llegada a la presidencia de la CONFENIAE debe leerse, por tanto, menos como la culminación previsible de una trayectoria ascendente que como un retorno al centro de la conducción amazónica después de un período de menor exposición política.

Sobre la posición política

Durante su candidatura de 2025, Efrén buscó diferenciarse de las polarizaciones internas y reivindicó la necesidad de que el movimiento indígena mantenga un proyecto propio, anclado en la plurinacionalidad, los gobiernos territoriales respetando la cosmovisión indígena. También criticó, antes del Congreso, la posibilidad de una reelección inmediata de Leonidas Iza bajo el estatuto entonces vigente.[9], en ese entonces, las elecciones fueron más una pugna de izquierda versus derecha.

Ese posicionamiento no equivale necesariamente a centrismo ni a neutralidad política. La autonomía indígena ha sido históricamente una reivindicación frente a gobiernos y partidos de diferentes signos. La cuestión es cómo se traduce esa autonomía cuando las organizaciones deben decidir entre confrontar, negociar o construir alianzas en coyunturas concretas. En el análisis de las elecciones de la CONAIE de 2025, esta misma cuestión fue planteada como una de las preguntas centrales: ¿es posible sostener la autodeterminación indígena sin subordinación al Estado ni acomodo institucional, y al mismo tiempo construir alianzas sin diluir los objetivos colectivos?.[10]

Su posición frente al Gobierno de Daniel Noboa ilustra esa complejidad. Durante las movilizaciones de octubre de 2025, Efrén cuestionó a la dirigencia nacional de la CONAIE y sostuvo que existía desconfianza en parte de las bases amazónicas. Pero en la misma coyuntura advirtió que la ausencia de diálogo podía provocar nuevas movilizaciones y señaló como una amenaza la propuesta de Asamblea Constituyente, porque consideraba que podía afectar los derechos colectivos reconocidos en los artículos 56 y 57 y los derechos de la naturaleza del artículo 71 de la Constitución.[11]

Una posición anti extractivista

Por otra parte, es claro su apego a la crítica histórica al modelo extractivo. En 2022, al discutir alternativas económicas para Pastaza, Efrén cuestionó la idea de que la generación de empleo y recursos en la Amazonía deba depender de la explotación petrolera o minera. Defendió alternativas vinculadas con las chakras, la agroforestería, la conservación y los planes de vida de las nacionalidades.[12]

Ese posicionamiento tiene además continuidad con las decisiones colectivas de la CONFENIAE. En octubre de 2025, una asamblea extraordinaria de la organización rechazó la Ronda Suroriente y Subandina, cuestionó la expansión petrolera y minera y vinculó la defensa territorial con los derechos de la naturaleza, la autodeterminación y la gobernanza indígena.[13]

El asunto adquiere especial importancia en un momento en que la expansión minera, petrolera y de infraestructura vuelve a colocar a la Amazonía en el centro de la política económica nacional. Para la nueva presidencia de la CONFENIAE, la discusión sobre territorio difícilmente podrá separarse de las decisiones estatales sobre concesiones, consulta previa, nuevas rondas petroleras y apertura de proyectos mineros.

Financiamiento climático y REDD+

Efrén, como dirigente de la CONFENIAE participó directamente en espacios vinculados con REDD+ y financiamiento para conservación de bosques. En 2021 integró reuniones del grupo indígena amazónico de la Mesa REDD+, en las que se discutieron iniciativas de conservación, manejo forestal sostenible, restauración, producción sostenible y la inclusión de los planes de vida.[14]

En Pastaza también defendió una estrategia que buscaba reducir la dependencia de petróleo y minería mediante conservación y sistemas agroforestales, dentro de un programa que incluía financiamiento REDD+. Su discurso de entonces combinaba apertura a mecanismos de cooperación con una advertencia explícita sobre los riesgos de que el Estado utilice programas de desarrollo mientras mantiene concesiones extractivas.[15]

Ese antecedente merece una lectura cuidadosa. Participar en REDD+ no significa necesariamente respaldar, como alternativa óptima, los mercados voluntarios de carbono, los mecanismos de compensación, los canjes de deuda por naturaleza o cualquier forma de financiarización de los bosques. La realidad práctica en la Amazonía es que esos mecanismos existen, y la participación de ciertos sectores en esos mecanismos no implica que no apuesten al mismo tiempo por salidas más estructurales. Por lo tanto, no existe suficiente evidencia pública para atribuirle su posición frente al modelo de finanzas verdes. Lo comprobable es que Efrén conoce desde dentro la arquitectura institucional del financiamiento climático y ha trabajado con mecanismos de conservación vinculados con cooperación internacional.

Esta puede convertirse en una de las discusiones centrales de su gestión. Una parte creciente del financiamiento destinado a la Amazonía llega mediante esquemas climáticos, conservación, carbono y biodiversidad. Al mismo tiempo, organizaciones indígenas de toda la región han cuestionado mecanismos que pueden crear nuevas formas de control externo sobre sus territorios o convertir funciones ecosistémicas en activos financieros. La trayectoria de Efrén se sitúa precisamente en esa frontera: defensa de los territorios y crítica al extractivismo, junto con experiencia técnica en los dispositivos contemporáneos de financiamiento ambiental.

Una CONFENIAE con agenda propia

Reducir el nuevo escenario a una disputa personal entre dirigentes perdería de vista la contradicción principal. La CONFENIAE ocupa una posición particular dentro del movimiento indígena ecuatoriano porque los conflictos fundamentales que enfrentan sus bases están directamente relacionados con control territorial, petróleo, minería, conservación, biodiversidad, economías ilegales y financiamiento internacional.

Efrén proviene de una nacionalidad de menor población, la Shiwiar. Históricamente, en la CONFENIAE han predominado nacionalidades como la Achuar, la Shuar y la Kichwa Amazónica. Sin embargo, su ascenso refleja una acumulación política que superó paso a paso las fronteras de su propia nacionalidad: fue dirigente de Educación en la CONFENIAE (2020-2023),[16] ocupó el segundo lugar en la elección interna de CONFENIAE 2023, compitió como candidato a la CONAIE en 2025 y, finalmente, alcanzó la conducción regional amazónica (2026-2030).

También hay que destacar que la elección de Efrén no elimina las tensiones internas de la CONFENIAE. La salida de la delegación waorani del proceso electoral y las declaraciones sobre un dirigencia cooptada en CONAIE [17] muestra que persisten fracturas que la nueva dirigencia deberá resolver. La NAWE tiene un peso político particular por su papel en la defensa del Yasuní, el territorio y la oposición a la expansión extractiva. Por eso, una de las primeras pruebas de Efrén será reconstruir acuerdos y evitar que la disputa electoral termine debilitando la representación amazónica.

Por ahora, los antecedentes permiten identificar un perfil definido en algunos aspectos y todavía abierto en otros: un dirigente shiwiar joven, formado técnicamente en ambiente, proveniente del trabajo educativo y territorial, crítico del extractivismo, defensor de la autonomía de las nacionalidades y con experiencia directa en la arquitectura institucional de la cooperación y el financiamiento climático. Esa combinación explica tanto las posibilidades como las tensiones que acompañarán su conducción de la principal organización indígena amazónica del Ecuador.


[1] Especialista en política pública regional, comunitaria e indígena, es dirigente del Pueblo Pakkiru.

[2] Economista ecuatoriano y Coordinador General del Observatorio de Finanzas y Clima.

[3]La Hora. “Conaie: ¿habrá un relevo generacional en la presidencia de la organización indígena?”, 17 de julio de 2025; El Universo. “Elecciones en la Conaie: más de 1.400 delegados tienen derecho a votar…”, julio de 2025. Ambas fuentes identifican a Efrén Nango como integrante de la nacionalidad Shiwiar, ingeniero ambiental y exdirigente de Educación de la CONFENIAE.

[4]Iturralde, Pablo José. “Elecciones en la CONAIE: preguntas de fondo”. La Línea de Fuego, 24 de julio de 2025. El artículo propone, como esquema analítico no rígido, tres tendencias: una izquierda indígena autónoma y popular, un sector orientado a la gobernabilidad y un campo intermedio entre autonomismo, ambientalismo institucional y pragmatismo. https://lalineadefuego.info/elecciones-en-la-conaie-preguntas-de-fondo-pablo-jose-iturralde/

[5]El Observador. “José Esach de la nacionalidad Shuar electo presidente de la Confeniae”, 29 de septiembre de 2023. Resultados: José Esach 321 votos; Efrén Nango 261; Washington Tiwi 224. https://elobservador.ec/jose-esach-de-la-nacionalidad-shuar-electo-presidente-de-la-confeniae/

[6]CONFENIAE. “Emergencia Educación Amazonía” y “Inicia proyecto Emergencia de Educación en la Amazonía”. En estas publicaciones Efrén figura como dirigente de Educación y participa en el trabajo sobre acceso a educación superior e interculturalidad. https://confeniae.org/programas/emergencia-de-educacion/ ; https://confeniae.org/inicia-proyecto-emergencia-de-educacion-en-la-amazonia/

[7]Asamblea Nacional del Ecuador. “Comisión revisó el estado de la institucionalización del Sistema de Educación Intercultural”, 2024. Efrén intervino como representante Shiwiar del Consejo Plurinacional y defendió derechos colectivos, autonomía y derecho ancestral. https://www.asambleanacional.gob.ec/es/noticia/99231-comision-reviso-el-estado-de-la-institucionalizacion-del

[8]El Observador. “Marlon Vargas elegido candidato a la presidencia de la CONAIE”, 27 de junio de 2025. Vargas obtuvo 523 votos, Efrén Efrén 157 y Agustín Guachapá/Wachapá 86. https://elobservador.ec/marlon-vargas-elegido-candidato-a-la-presidencia-de-la-conaie/

[9]La Hora. “Conaie: ¿habrá un relevo generacional en la presidencia de la organización indígena?”, 17 de julio de 2025. Efrén sostuvo que la reelección inmediata no constaba en el estatuto vigente y que la decisión final correspondía al Congreso. https://www.lahora.com.ec/listas/Conaie-habra-un-relevo-generacional-en-la-presidencia-de-la-organizacion-indigena-t202507170003.html

[10]Iturralde, Pablo José. “Elecciones en la CONAIE: preguntas de fondo”. La Línea de Fuego, 24 de julio de 2025. El artículo plantea como pregunta central cómo sostener la autodeterminación indígena sin subordinación al Estado ni acomodo institucional y cómo construir alianzas sin diluir objetivos. https://lalineadefuego.info/elecciones-en-la-conaie-preguntas-de-fondo-pablo-jose-iturralde/

[11]La Hora. “Conaie rearma estrategias para mantener el paro en Ecuador”, 15 de octubre de 2025. Efrén afirmó que existía desconfianza desde las bases amazónicas, advirtió sobre una posible reacción si no había diálogo y cuestionó la Constituyente por sus posibles efectos sobre los artículos 56, 57 y 71 de la Constitución. https://www.lahora.com.ec/politica/Conaie-rearma-estrategias-para-mantener-el-paro-en-Ecuador-20251015-0053.html

[12]Mongabay Latam. Dimitri Selibas, “Nace un proyecto de agroforestería para conservar cinco millones de hectáreas en la Amazonía de Ecuador”, 25 de junio de 2022. Efrén cuestionó la visión extractiva del desarrollo amazónico, defendió las chakras y la conservación y expresó cautela frente a acuerdos estatales asociados a concesiones petroleras o mineras. https://es.mongabay.com/2022/06/proyecto-de-agroforesteria-para-conservar-cinco-millones-de-hectareas-en-ecuador/

[13]CONFENIAE. “Resoluciones Asamblea Extraordinaria CONFENIAE”, 20 de octubre de 2025. La organización rechazó los planes petroleros y mineros de la Ronda Suroriente y Subandina y vinculó su posición con derechos colectivos, derechos de la naturaleza, autodeterminación y gobernanza territorial. https://confeniae.org/resoluciones-asamblea-extraordinaria-confeniae/

[14]Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica. “Mesa de Trabajo REDD+ Bosques para el Buen Vivir: 1era reunión GTRIA”, julio de 2021. El registro incluye a Efrén Nango por CONFENIAE y discusiones sobre conservación de bosques, manejo forestal sostenible, restauración, producción sostenible y planes de vida. https://reddecuador.ambiente.gob.ec/mesareddmas/wp-content/uploads/2022/04/1era-reunion-GTRIA-jul2021-Ayuda-memoria.pdf

[15]Mongabay Latam. Dimitri Selibas, “Nace un proyecto de agroforestería para conservar cinco millones de hectáreas en la Amazonía de Ecuador”, 25 de junio de 2022. Efrén vinculó conservación y agroforestería con menor dependencia del petróleo y la minería, y expresó cautela frente a acuerdos estatales asociados a concesiones extractivas. https://es.mongabay.com/2022/06/proyecto-de-agroforesteria-para-conservar-cinco-millones-de-hectareas-en-ecuador/

[16]El Observador. “José Esach de la nacionalidad Shuar electo presidente de la Confeniae”, 29 de septiembre de 2023. En esa elección Efrén obtuvo 261 votos y quedó segundo. https://elobservador.ec/jose-esach-de-la-nacionalidad-shuar-electo-presidente-de-la-confeniae/

[17] https://www.facebook.com/portadatvec/posts/no-nos-representan-nawe-anuncia-su-retiro-de-la-confeniae-y-la-conaiela-nacional/1501860101966534/

Análisis de la ruta financiera de los sobornos que llevó a la condena de Lenín Moreno

Caso Sinohydro

El caso Sinohydro puede entenderse como una investigación sobre circulación y ocultamiento de dinero, es decir, se trata de un ilícito financiero. Cómo aproximadamente USD 76,1 millones salieron de una empresa estatal china, ingresaron al sistema financiero panameño, pasaron por sociedades vinculadas a empresarios ecuatorianos y terminaron distribuidos entre funcionarios públicos, intermediarios, empresarios y personas relacionadas con el entorno familiar del entonces vicepresidente Lenín Moreno.

El 28 de agosto de 2026, después de 31 jornadas de juicio, un tribunal de la Corte Nacional de Justicia declaró a Moreno culpable como autor directo del delito de cohecho y le impuso cinco años de prisión. También fueron condenados como autores directos Conto Patiño, Cai Runguo, Yang H. y Song D., mientras que otros integrantes de la estructura recibieron condenas como cómplices, incluyendo a la esposa e hija de Moreno. La sentencia es de primera instancia y puede ser apelada.

La importancia de la sentencia reside en que el tribunal consideró probada la existencia de una estructura financiera utilizada para canalizar pagos vinculados con la adjudicación y ejecución del proyecto hidroeléctrico Coca Codo Sinclair. La Fiscalía presentó 29 testimonios, 20 pericias y 90 pruebas documentales, incluidas evidencias obtenidas mediante cooperación penal internacional (FGE, 2026a).

El punto de partida fue Coca Codo Sinclair

Coca Codo Sinclair fue adjudicado a la empresa estatal china Sinohydro para la construcción de una de las mayores obras de infraestructura energética del Ecuador. El contrato superó los USD 2.000 millones.

La hipótesis de la Fiscalía fue que Sinohydro destinó aproximadamente USD 76,1 millones —cerca del 4 % del valor del contrato— a pagos indebidos relacionados con la obtención y ejecución del proyecto. El mecanismo habría operado entre 2009 y 2018 mediante contratos de consultoría y representación que, según la acusación, sirvieron como cobertura para transferencias que no respondían a servicios comerciales reales (FGE, 2026a; Primicias, 2023).

Es decir, el soborno no apareció como una transferencia única desde Sinohydro hacia un funcionario. Se construyó una cadena de sociedades, cuentas bancarias, transferencias, cheques y adquisiciones que dificultaba identificar inmediatamente al beneficiario final.

La primera capa: Sinohydro hacia Panamá

La reconstrucción financiera presentada durante el juicio identifica como punto central a Comercial Recorsa C. A., empresa vinculada al empresario Conto Patiño.

Según la pericia contable presentada en junio de 2026, Comercial Recorsa Ecuador recibió de Sinohydro un total de USD 76.185.373,21 entre 2010 y 2018, mediante 50 transferencias realizadas a través de dos cuentas en Panamá.

La primera era una cuenta de Comercial Recorsa en Banco Pichincha Panamá. Allí habrían ingresado aproximadamente USD 75,6 millones.

La segunda correspondía a Recorsa S. A. Panamá, registrada en Canal Bank, que habría recibido aproximadamente USD 585.061 (El Universo, 2026a).

En términos financieros, Recorsa funcionó como una especie de «cuenta madre» del esquema donde  el dinero procedente de Sinohydro llegaba a una estructura empresarial aparentemente privada antes de comenzar a fragmentarse.

Una investigación de diario Primicias había establecido que aproximadamente el 99,3 % del dinero habría ingresado a la cuenta de Banco Pichincha Panamá, mientras que el restante 0,7 % habría sido depositado en Recorsa Panamá, en Canal Bank (Primicias, 2023).

El gobierno de Noboa, en agosto del 2025, retiró a Panamá de la lista de paraísos fiscales del SRI. (Lexis, 2025) Aunque estar fuera de la lista de paraísos fiscales reduce los controles, actualmente, y más cuando Moreno era entonces vicepresidente, las sociedades en Panamá también deben justificar qué actividad económica justificaba los pagos, quién controlaba las sociedades y qué ocurrió con el dinero después de recibirlo.

El papel de Conto Patiño

El segundo elemento de la arquitectura financiera es Conto Patiño. Fue representante de Sinohydro en Ecuador y, al mismo tiempo, estaba vinculado a Comercial Recorsa y a otras sociedades que aparecen en la ruta financiera investigada.

El tribunal determinó que Patiño controló entidades societarias que recibieron los fondos y que posteriormente dispuso su distribución hacia funcionarios y personas vinculadas con la adjudicación, financiamiento y ejecución de Coca Codo Sinclair.

La pericia presentada en el juicio identificó 26 transferencias y un cheque desde cuentas de Comercial Recorsa Ecuador y Recorsa Panamá hacia Patiño por aproximadamente USD 1,58 millones. En el caso de su hija María Auxiliadora Patiño, la pericia identificó 54 operaciones por cerca de USD 19,99 millones (El Universo, 2026a).

Las sociedades interpuestas

La investigación identificó cuatro empresas ecuatorianas y siete sociedades extranjeras utilizadas, según la Fiscalía, para movilizar parte de los fondos.

Entre las empresas ecuatorianas apareció Ginepri, vinculada a Xavier Macías Carmigniani, yerno de Conto Patiño. Según la reconstrucción periodística del expediente (Primicias, 2023), Ginepri recibió dinero de Recorsa y posteriormente emitió cheques a personas vinculadas con los procesados, entre ellas Irina Moreno y Cai Runguo.

Es decir, el dinero no necesariamente tenía que pasar directamente de la cuenta original de Recorsa al beneficiario final. Podía circular por una segunda sociedad, lo que multiplicaba las capas entre el origen y el destinatario. Habitual en investigaciones de lavado de activos y corrupción transnacional porque genera una separación entre tres elementos:

  1. el origen del dinero;
  2. la entidad que lo recibe formalmente;
  3. la persona que finalmente obtiene el beneficio.

El caso Sinohydro es un clásico ejemplo.

Las offshore y el problema del beneficiario final

La parte más sensible del caso es la utilización de sociedades offshore. La investigación identificó siete compañías extranjeras ubicadas en jurisdicciones consideradas de baja transparencia fiscal o societaria. Cinco de ellas estaban relacionadas, con la familia Patiño (Primicias, 2023).

Aquí aparece INA Investment Corp., vinculada a María Auxiliadora Patiño y Xavier Macías, aparece en la ruta financiera relacionada con determinados beneficios atribuidos al entorno de Moreno.

INA muestra, de manera muy relevante, una coincidencia entre la sociedad y determinadas operaciones que terminaron beneficiando al expresidente. Una de ellas fue la adquisición de muebles por USD 19.342 a la empresa Moinat S. A. Los muebles fueron entregados en el departamento registrado por Moreno en Ginebra, Suiza. Según la cobertura de la sentencia, el tribunal consideró probado este hecho (Primicias, 2026).

Este tipo de operación es financieramente más interesante que una transferencia directa:

  • Si A paga directamente a B, el vínculo es sencillo de identificar.
  • Si A transfiere a una sociedad offshore, la offshore paga a una empresa comercial y esta entrega un bien que termina en poder de B, se genera una cadena de titularidades y pagos que exige reconstrucción.

El vínculo con la familia Moreno

La condena de Moreno no descansó únicamente en demostrar que existía una red alrededor de Patiño.

El tribunal también analizó operaciones que beneficiaron directamente a miembros del entorno familiar de Moreno.

La pericia financiera identificó, por ejemplo, un cheque de USD 1.568 emitido por Comercial Recorsa a nombre de Rocío González, esposa de Moreno. González sostuvo que correspondía al pago de 100 agendas turísticas de 2015, pero la perito señaló que no pudo establecerse el hecho económico o generador que justificara el pago (El Universo, 2026a).

En el caso de Irina Moreno, hija del expresidente, se identificaron tres cheques provenientes de Recorsa por un total de USD 12.000 (El Universo, 2026a).

Pero estos valores son pequeños frente al elemento que el tribunal consideró central: el grupo familiar de Moreno habría recibido en conjunto más de USD 1,11 millones relacionados con la estructura de pagos investigada (El Universo, 2026c).

Lo relevante es la acumulación de operaciones, su origen, las relaciones entre quienes enviaban y recibían el dinero y la ausencia —según las pericias y la valoración judicial— de una justificación comercial suficiente en determinadas transacciones.

Del dinero ilícito al beneficiario final

La arquitectura que emerge de las investigaciones puede simplificarse de la siguiente manera: Sinohydro; cuentas de origen / Bank of China; Comercial Recorsa Ecuador; Banco Pichincha Panamá / Recorsa Panamá – Canal Bank; Conto Patiño y sociedades relacionadas; empresas ecuatorianas y offshore; transferencias / cheques / pagos de bienes; funcionarios, intermediarios y personas vinculadas con los beneficiarios finales.

Esta representación siguen siendo una simplificación de un circuito mucho más complejo, pero permite entender el problema central. La operación no dependía de fragmentar su recorrido.

¿Dónde aparece exactamente Moreno?

Moreno ha sostenido que no firmó el contrato de Coca Codo Sinclair, que no tenía a su cargo el proyecto y que no recibió dinero de Sinohydro. Durante el juicio cuestionó que se lo responsabilizara por un proyecto cuya conducción correspondía a otras autoridades (Reuters, 2026). La dificultad para la acusación era demostrar el vínculo entre dos hechos diferentes:

  • primero, la existencia de una estructura de sobornos alrededor del contrato de Sinohydro;
  • segundo, la participación consciente de Moreno en esa estructura.

Pero el tribunal consideró que ese vínculo estaba probado. Según la sentencia, Moreno fue autor directo del cohecho y el grupo familiar recibió más de USD 1,11 millones (como ya lo mencionamos antes) vinculados con la intervención en el proyecto. La Fiscalía había argumentado que la estructura financiera, las pericias bancarias, la documentación societaria, los testimonios y la cooperación penal internacional permitían reconstruir tanto el origen como la distribución de los recursos (FGE, 2026a).

La prueba financiera

La fortaleza de este caso está en la combinación de evidencia de distinta naturaleza.

La Fiscalía presentó:

  • registros y movimientos bancarios;
  • documentación societaria;
  • contratos;
  • documentos comerciales;
  • pericias financieras;
  • pericias informáticas;
  • testimonios;
  • información obtenida mediante cooperación penal internacional.

Se identificaron 50 transferencias de Sinohydro hacia las cuentas utilizadas por Recorsa en Panamá por USD 76.185.373,21. Después se siguieron los movimientos hacia personas naturales y jurídicas vinculadas al proceso (El Universo, 2026a).

Esta es la diferencia entre una acusación política y una acusación financiera. La primera puede decir: «Moreno tuvo influjo psíquico[1] en Patiño».

La segunda demostró: «Sinohydro transfirió X cantidad a Recorsa; Recorsa transfirió Y a determinada sociedad; esa sociedad transfirió Z a determinada persona; y esa persona estaba vinculada con el funcionario que intervino en la operación».

La función de las offshore

El problema de una offshore aparece cuando concurren varios elementos:

  • la sociedad no tiene una actividad económica proporcional a los fondos que recibe;
  • los beneficiarios finales están ocultos detrás de estructuras societarias;
  • los recursos proceden de una empresa que tiene un contrato multimillonario con el Estado;
  • existen transferencias sucesivas entre sociedades relacionadas;
  • los fondos terminan beneficiando a funcionarios o personas de su entorno;
  • y no existe una justificación comercial verificable para determinados pagos.

En Sinohydro, la Fiscalía presentó precisamente una hipótesis de ese tipo y el tribunal concluyó que existió una estructura de pagos indebidos.

Una lectura financiera del caso

Sinohydro presenta una arquitectura relativamente clásica de ocultamiento y distribución: origen corporativo; intermediario; cuenta offshore; sociedad relacionada; transferencia/cheque; beneficiario final.

Lo novedoso es la combinación: el dinero habría sido generado en el contexto de un contrato público de miles de millones de dólares; enviado desde una empresa estatal china; transferido a cuentas panameñas; recibido por una sociedad vinculada a un intermediario ecuatoriano; redistribuido mediante una red de sociedades y personas; y, según la sentencia, una parte terminó beneficiando al entorno familiar de quien posteriormente llegó a ser presidente de Ecuador.

La sentencia, sin embargo, no cierra la discusión sobre la ruta financiera. Además hay que decir que la sentencia se puede apelar en segunda y tercera instancia. De esta manera, si la decisión es confirmada en las siguientes instancias, el caso Sinohydro quedará como un precedente relevante sobre cómo una estructura transnacional de sociedades, cuentas bancarias y beneficiarios finales puede ser reconstruida a partir de la trazabilidad de los recursos. Pero precisamente por eso, la cuestión decisiva seguirá siendo determinar, operación por operación, quién ejercía el control efectivo de las sociedades, quién ordenó cada transferencia y cuál fue su justificación económica.

Llegando el proceso en este punto, podemos decir: esta historia continuará…


[1] Influjo psíquico es la figura con la que se condenó a Rafael Correa

Ver infografías del caso aquí


Bibliografía

Fiscalía General del Estado. (2026a, 28 de agosto). Caso Sinohydro: Fiscalía obtiene sentencia contra 20 personas por cohecho.

Fiscalía General del Estado. (2026b, 17 de junio). Caso Sinohydro: Fiscalía concluye la presentación de pruebas en el juicio por presunto cohecho.

El Universo. (2026a, 9 de junio). Pericia define el camino que habrían tomado los dineros depositados por la empresa Sinohydro en cuentas de Panamá y que llegaron a poder de los procesados.

El Universo. (2026b, 28 de agosto). Conto Patiño es declarado culpable del delito de cohecho en el caso Sinohydro.

El Universo. (2026c, 28 de agosto). Caso Sinohydro: tribunal determina la responsabilidad de Lenín Moreno como autor directo del delito de cohecho.

Primicias. (2023, marzo). Sinohydro: “Entramado empresarial” movió coimas durante ocho años.

Primicias. (2026, 28 de agosto). Expresidente Lenín Moreno es condenado a cinco años de cárcel por el caso Sinohydro.

Reuters. (2026, 28 de agosto). Ecuador finds ex-President Moreno guilty in hydro plant bribery case.

Observatorio de Clima y Finanzas sobre el Plan de Acción del XII FOSPA

El Plan de Acción de Puyok ha sabido recoger una construcción política que viene de Belém y Rurrenabaque y da continuidad a procesos que ya habían comenzado en la región, entre ellos el Foro para salir de los Hidrocarburos de Santa Marta. Puyok da otro paso más y convirtió esa acumulación de mandatos y propuestas en una agenda de acción común.

Esto hay que ubicarlo en el nuevo contexto de la diplomacia internacional. La disputa por la amazónico no ocurre solamente alrededor de petróleo, minería o deforestación. Ahora también se juega en las negociaciones sobre deuda, comercio, inversiones, minerales estratégicos, transición energética, financiamiento climático, mercados de carbono y nuevas formas de control territorial. En un escenario donde la región avanza con mayor extractivismo, dependencia financiera y neoliberalismo autoritario.

El Plan de Acción puede cumplir esa función si se lo entiende como una herramienta política, más allá del documento final del Foro. Su debe ser conectar lo construido desde Belém, Rurrenabaque y Santa Marta con lo que viene después de Puyok: organizar agendas regionales, identificar responsables, producir evidencia, activar acciones jurídicas y políticas y llevar posiciones de los pueblos a los espacios internacionales donde se están definiendo las reglas del próximo ciclo económico y climático… en otras palabras, hay que echar a andar Plan de Acción. Para eso el propio Plan plantea responsables, plazos y mecanismos de reporte para evitar que los compromisos queden solamente en el papel.

Puyok fue para todo un punto de llegada, pero debe ir más allá de eso, y convertirse en un punto de acumulación. Que el XIII FOSPA pueda evaluar qué se hizo con los mandatos anteriores y llegar con mayor capacidad política, jurídica y diplomática. La continuidad del proceso es, en sí misma, una forma de disputar poder. Pasar de reaccionar frente a las decisiones que otros toman sobre la Amazonía a construir una agenda propia, popular, plurinacional y profundamente ecológica.

Click en la imagen para ir al Plan de Acción